Publicado en Libros, Novela

Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar (Luis Sepúlveda)

Diez meses he tenido este libro en la estantería, esperando que le llegara su turno. Creo que todos los lectores compartimos esta experiencia de arbitrariedad en la elección, de modo que nuestras lecturas no siguen el orden de llegada de los libros a casa. Las decisiones son caprichosas, erráticas. Hay libros que pueden esperar años hasta que les hacemos hueco, mientras que otros los devoramos nada más conseguirlos. No significa nada. Como leemos por placer, ningún motivo racional puede guiar nuestras elecciones.

Y por fin ayer le llegó el turno a este pequeño relato de poco más de cien páginas que se lee en un ratito. Se trata de una fábula en el sentido más clásico del término, heredera de la tradición de Esopo. Sus personajes son animales humanizados, con comportamientos y anhelos mixtos entre su naturaleza animal (el deseo de volar de la gaviota, el gusto por las latas de comida del gato protagonista) y su humanización (el gato que lee libros, la gaviota madre que fuerza una promesa).

El objetivo del texto, como buena fábula, es moralizante. A través del relato de los animales nos transmite una lección. Y qué lección, por cierto. Porque Sepúlveda habla de la importancia de la palabra dada, de la fuerza del grupo, de la lucha por la supervivencia, de la necesidad de cuidar el planeta o del respeto al otro entre muchos otros temas. Pero entre todos ellos, hay uno que me resulta especialmente importante: el derecho a ser diferente y a que te quieran tal como eres, sin necesidad de cambiar para ser como el resto. Qué pocas veces se nos permite disfrutar de este derecho. Qué pocas veces te quieren tal y como eres, sin obligarte a (ni sugerirte, ni desear en silencio siquiera) que cambies. Y qué difícil nos resulta entender que ser quien uno es, sin forzar nuestra naturaleza en pro de la uniformidad del grupo lejos de ser un acto de egoísmo es un acto de supervivencia.

Leedles esta fábula a los niños que tengáis cerca, animad a los adolescentes y a los adultos de vuestro alrededor a que superen la reticencia a leer fábulas y se asomen a esta, leedla vosotros. Pero, sobre todo, no falleis después a su moraleja. Atrevéos a ser quien sois y a amar a los demás sin cambiarlos. Qué difícil y qué necesario.

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