Publicado en Libros, Novela gráfica

Corto Maltés. La balada del mar salado (Hugo Pratt)

Maestro de maestros. Creador del todo a partir de viñetas blancas. Con su pluma y un talento inmenso, revolucionó el arte de contar historias con el trazo más simple. Sus argumentos eran la vida y el mar, la idea de justicia frente a la codicia humana, la amistad como tabla de salvación. Nos legó uno de los personajes más carismáticos de la historia y algunas de las historias más bellas de la novela gráfica.
Hugo Pratt publicó en la década de los 60 esta novela por entregas que, a pesar de su trascendencia posterior, fue ninguneada por la crítica y un relativo fracaso de ventas. Tuvieron que pasar los años para que Corto Maltés ocupara el lugar que merecía. Fueron otros genios, como Fran Miller, quienes ayudaron a reivindicar el valor cultural de cada aventura del icónico marino.
La balada del mar salado fue la presentación de Corto, así como de algunos de los personajes secundarios que lo acompañarian a lo largo de sus siguientes libros. La acción se sitúa en los bellos mares del pacífico, en un periodo anterior a la primera guerra mundial. Nuestro héroe se ve envuelto en una disputa entre piratas y soldados que amenaza con acabar con su vida a cada instante. El protagonismo no recae en Corto, sino en dos adolescentes, pero el peso de su carisma y el ideal de justicia que impregna a cada una de sus acciones consigue que parezca que todo gira en torno a él.
Aunque hay ediciones a color, recomiendo leerlo en blanco y negro, tal y como Pratt la plasmó. Entusiasta de la sencillez, su idea de perfección era conseguir contarlo todo con una sola línea. Cada viñeta tiene la engañosa sensación de estar incompleta, mal acabada. Sin embargo, el dominio del blanco sobre el negro nos dice mucho más que cien frases. Unos pocos trazos consiguen sumergirnos dentro de un barco, o nos enseña con un pequeño gesto todo lo que necesitamos saber sobre un personaje.
Una delicia donde no hay malos o buenos al uso; donde los héroes fallan y los malos consiguen que los entendamos. Cada línea de sus textos, cada idea que subyace en las reflexiones de sus protagonistas son tan actuales como cuando fueron escritas hace más de 50 años. Y aún hoy, se sigue leyendo con una sonrisa, la pequeña sonrisa de Corto Maltés.

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V de vendetta (Alan Moore y David Lloyd)

Con la ilusión de saber que el gran Allan Moore estaba al frente del guión, iba devorando las páginas casi sin pestañear. Solo cuando llegué al final descubrí que no había estado cómodo.  Algo fallaba. No podía dejar de pensar sobre qué podía ser. Cuando terminas un libro y te ha gustado, te sientes satisfecho, paladeas frases, capítulos y tramas.  Con V de vendetta sucedió que mi entusiasmo dió paso a la decepción. En una segunda lectura que hice años después descubrí el porqué. No seré yo quien cuestione a los grandes maestros de la novela gráfica. Moore es el creador de algunas de las mejores novelas gráficas para DC cómics. Su aportación como guionista y creador es tan grande que  posiblemente su reconocimiento como mejor escritor de historias, no sea exagerado. 
Sin embargo, aquí nos deja con la sensación de quiso y no pudo ser.
En esa lectura posterior vino rápidamente lo que me impedía disfrutar de esta novela que cuenta con legiones de seguidores.
Mi mayor traba para haberlo disfrutado se encuentra en su parte gráfica . Los dibujos de David Lloyd me resultan estáticos y sin fuerza. No me resultaba creíble la viñeta, su composición del escenario y la coreografía de los protagonistas con relación a unos textos ambiciosos y duros. Tenía el hándicap de la famosa máscara sonriente, que le quita mordiente al recurso de expresar con las facciones del rostro los sentimientos y sensaciones. Pero en el resto de los personajes tampoco podremos sentir el miedo y la violencia de la que son objeto. El color, una mezcla entre sombras borrosas y excesos de oscuridad tampoco ayudan al lector a interiorizar la historia.
Una pena, puesto que su argumento es tremendamente atrayente: la lucha eterna entre la libertad individual y el control de las masas.  Una historia bien hilada, con tintes distópicos, que enfrentaba a un gobierno fascista y un héroe anónimo que lucha por destrozar una forma de vida controlada y servil.
Lástima que el conjunto no sea perfecto, aunque el impacto que tuvo y tiene en nuestra sociedad es muy grande. No olvidemos el movimiento anonymous, que recrea ciertas cosas de esta novela.
Pero, aún con las reticencias, creo que merece una lectura y disfrutar de una historia compleja, ambiciosa y con tintes políticos y filosóficos.

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La broma asesina (Allan Moore y Brian Boland)

Cuando se juntan un freaky de Batman, la noticia de que hoy es su día y unas ganas locas de contarlo al mundo, es inevitable que estas líneas versen sobre el caballero oscuro.
Más concretamente quería hablaros sobre una novela gráfica que no se centra tanto en el enmascarado y sí en su némesis, El Joker.
En La broma asesina, el guionista Alan Moore, nos enseña el pasado y las circunstancias por las que un hombre oscuro se convirtió en la mayor pesadilla de Gotham. Un viaje al pasado en forma de recuerdos, perfectamente encajados en una trama de acción y suspense… y terror, porque el Sr. Moore sobrepasó las líneas que hasta ese momento habían marcado los límites sobre el daño moral y físico que los malos de la novela gráfica podían permitirse infringir.
La intención de su historia es mostrar cómo una acción traumática puede llevarnos a la mayor de las locuras. Y su broma, la que da nombre a la novela, es poner al descubierto que los dos protagonistas son las dos caras de una misma moneda. Batman ante el asesinato de sus padres entra en una vorágine de venganza que le lleva a ponerse una máscara y recorrer las calles cada noche. Por el contrario, El Joker, ante la tragedia sufrida, cae en la más profunda desesperación y comienza una carrera criminal que, inevitablemente, le conducirá al enfrentamiento con Batman.
Con un dibujo que hereda rasgos de Whachtmen, esta pequeña novela gráfica arrasó en 1988 y aparte de un éxito de ventas, consiguió numerosos premios y reconocimientos. Aunque, paradojas de la vida, su creador nunca estuvo contento del trabajo que realizó.
La importancia de su historia, de su iconográfica, se refleja en la multitud de guiños que películas y novelas gráficas posteriores realizan de su historia y sus personajes.
Un bellísimo retrato sobre la locura y su porqué. Un cuadro con dos enemigos condenados a enfrentarse eternamente. Para fortuna de sus fans.

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Persépolis (Marjane Satrapi)

La realidad a través de los ojos de una niña puede ser un golpe a los sentidos de un adulto. Con Persepólis el impacto es brutal. La historia que nos cuenta es dura, muy dura. Las viñetas, en blanco y negro, dejan un sabor de boca agridulce. Los diálogos, cuerpo y alma de esta novela gráfica, pasan a una velocidad vertiginosa de la sonrisa al horror. Las palabras de la autora evolucionan desde un pensamiento infantil, inocente, hasta el descubrimiento de su etapa adulta, donde sus pensamientos son más profundos y pesimistas.

Una novela gráfica que retrata la sociedad irani de finales de los años setenta. La subida al poder del régimen islamista que limitó hasta los extremos más duros las libertades individuales.
Pasearemos de la mano de la autora por los patios de su colegio y las calles casi occidentales de Teherán. Y la seguiremos acompañando en su salida del país hasta sus primeros pasos como adulta. El dibujo, como decíamos anteriormente, es simple y sin notas de color. Su misión es difuminar en ocasiones a la protagonista, reflejo de la pérdida de identidad individual que impuso el régimen religioso.

La propia autora participó en el guión de una adaptación que se hizo para el cine. Una película prácticamente idéntica a la novela gráfica, con los consecuentes recortes en ciertas escenas por imperativos de duración.

La novela está dividida en cuatro partes, aunque la posibilidad de encontrarlo en un volumen único es más que factible.  Una joya, alejada de las historias de superheroes pero que nos enseña que ser valiente no es cuestión de tener poderes.

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Batman: el regreso del caballero oscuro (Frank Miller)

Como contrapunto al viernes pasado, donde os traje la reseña de una novela gráfica de Marvel, hoy os vamos a hablar sobre DC Cómics.  Tradicionalmente las dos editoriales han aglutinado los mejores escritores y dibujantes y la rivalidad ha llegado hasta el extremo de plagiarse sin disimulo los personajes más exitosos de cada casa.

Pero quien nunca ha tenido un oponente de envergadura ha sido nuestro protagonista de hoy. De la mano de Frank Miller, el mito se reiventó. Conocimos un reverso aún más oscuro y pesimista de un hombre ya de por sí tétrico.

La novela está ambientada en el futuro, aunque sea 1980, y nos encontramos un Batman envejecido, retirado de la acción y más cínico que nunca. Una serie de asesinatos y la aparición de unas pandillas fuerzan su vuelta. Un regreso que ni tan siquiera sus antiguos aliados ven con buenos ojos. Los métodos expeditivos, casi autoritarios del enmascarado chocan con la mentalidad menos rígida de la sociedad.

El guión y los diálogos de Miller se convirtieron en clásicos que se han utilizado en las numerosas adaptaciónes que Batman ha tenido para el cine en los últimos años. La influencia de la historia, editada en cuatro entregas, revolucionó el concepto de superheroe, dando un protagonismo hasta entonces desconocido a las sensaciones más íntimas de los superheroes.

En sus páginas, conoceremos como nuestro protagonista falla, cae, se equivoca y continuamente parece que se ha embarcado en una carrera abocada al fracaso. Un enfoque que rebaja tanta épica y le dota de una humanidad casi desconocida hasta entonces en el universo de los justicieros.

El dibujo, en muchas ocasiones casi caricatura, nos permite disfrutar de la personalidad de los protagonistas, donde los gestos, las miradas y la acción prevalece sobre el ambiente. Miller es un creador que rompió moldes y en estas páginas entendemos el porqué.

Una delicia que necesita varias lecturas calmadas para poder saborearla en toda su dimensión. Un regalo para los amantes de un personaje eterno y también una oportunidad genial para descúbrirlo quien se acerque por primera vez.

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Watchmen (Alan Moore & Dave Gibbons)

Imaginen que cae en sus manos una obra que les dice que los superheroes de su infancia y adolescencia no son más que títeres del poder político. O peor aún, que Superman, Batman, etc.. son megalomanos y su servicio a la comunidad no es más que un oscuro intento de satisfacer sus necesidades narcisistas.

Con tan bonita perspectiva se presentó Alan Moore en 1986 y nos regaló una novela gráfica que marcó un antes y un después en el tratamiento de los superheroes. La idea inicial era tan atrevida que uno al leerla corre el riesgo de no bucear más en sus viñetas y perderse una riqueza simbólica sin precedentes.

La novela nos sitúa en la década de los 80, en un momento crucial de la guerra fría entre EEUU y La Unión Soviética. Los superheroes han sido prohibidos, pero el asesinato de uno de ellos saca de su ostracismo a los enmascarados que todavía existen ocultos en las sombras.

Con esta línea argumental relativamente simple, Moore va tejiendo un universo complejo de significados y matices y consigue que el lector vaya reflexionando sobre un mundo alternativo al actual.  Desde cuestionarnos cuál es el propósito real de los avances científicos, pasando por el cuestionamiento sobre la democracia y su posible debilidad ante el fascismo hasta llegar a asustarnos con lo cerca que vivimos constantemente de una posible guerra nuclear, y por tanto, el fin de la civilización conocida.

Las ilustraciones de Dave Gibbons, que se inspiran en los cómics de los años 40 y 50, forman parte del argumento de la novela en una proporción idéntica al guión. Utilizando un formato cerrado de 9 viñetas, cada una de ella encierran símbolos que enriquece el resultado final.

Una de las mejores novelas gráficas de la historia, tan de actualidad ahora como lo estuvo en su publicación. Su impacto en el público fue tremendo y posiblemente, dentro de otros treinta años más siga sorprendiendo a quien lo lea.

¿Quién vigila a los vigilantes?

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Las tres vidas de Hannah Arendt (Ken Krimstein)

Hanna Arendt es, probablemente, una de las personas más adecuadas para hacer una biografía. Desde el punto de vista profesional, fue una de las mentes más interesantes del siglo XX. Sus libros no solo tuvieron una gran acogida entre los filósofos de su época, sino que constituyen obras imprescindibles para la historia de la filosofía.

Desde el punto de vista vital, podemos decir que fue una mujer libre y valiente, capaz de llevar a las últimas consecuencias sus convicciones. Incapaz de ser insincera ni consigo misma, en sus relaciones con los hombres y en sus amistades más íntimas tuvo siempre la necesidad de vivir como sentía, sin atender a nada más. Es un regalo conocer la vida de una mujer así, tanto por ella misma como por la gente que la rodea, pues Hannah Arendt se rodeó siempre de las mejores cabezas de su época.

Y, por si esos ingredientes fueran pocos, Hannah era una judía alemana que vivió a mediados del siglo XX. No hay mucho más que decir. Tuvo que emigrar primero a París, allí conoció el campo de internamiento y acabó viajando a Nueva York, como tantos otros compatriotas. A su vida, por tanto, no le falta de nada.

Y aunando esos tres elementos, su relación con Heidegger. Una relación intensa, basada en la admiración mutua de dos mentes privilegiadas; un amor complicado, extramatrimonial, inconveniente y, en definitiva, tóxico. Una pasión entre un maestro que coquetea (en el mejor de los casos) con el nazismo y una joven filósofa judía.

En definitiva, el libro que hoy os traigo cuenta una historia que se devora en unas horas. Era esperable. Y es que, con todos estos mimbres, el éxito de esta novela gráfica estaba asegurado. Viñeta a viñeta, disfrutamos y sufrimos a partes iguales de los éxitos y las desgracias de esta mujer increíble.

Desde el punto de vista estético, sin embargo, tengo que decir que los dibujos (en blanco y negro con detalles en verde) no son ni bellos ni realistas. Tal vez la ausencia de belleza esté buscada. No es vano estamos ante una novela más conceptual que estética. En cualquier caso termino la lectura contenta de haberla elegido, pero deseando poder leer la biografía de Arendt en un ensayo más tradicional. No solo es culpa de los dibujos. En el fondo, es una forma de ser. Y es que yo soy más de ensayos que de novelas gráficas.

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Contrato con Dios (Will Eisner)

La diferencia entre el cómic y la novela gráfica se llama Will Eisner. Así de simple. Sólo un genio puede convertir cada viñeta en una pequeña obra de arte. Y digo pequeña por tamaño, porque las sensaciones que trasmiten cada porción de esas páginas quitan la respiración.

Recuerdo cuando «Contrato con Dios» llegó a mis manos estuve varios minutos observando la portada. Quedé sobrepasado por la fuerza de sus trazos. La portada que yo conocí estaba en blanco y negro y sólo podía pensar en cómo unas líneas podían trasmitir la derrota de manera tan sutil.

Al adentrarme en sus páginas, mi sonrisa no dejaba de aumentar. Me deleitaba con sus encuadres, con los juegos de sombras, con la fuerza de los gestos de cada personaje. Estaba claro que no era un cómic. Era algo mucho más grande.

Cuando Eisner publicó esta obra, ya era un creador consolidado, que podía vivir de las rentas con Spirit, el personaje que lo catapultó a la fama. Pero su inquietud y conciencia necesitaban dar otro paso más. Quería romper con el menosprecio que despertaba el cómic frente a otras manifestaciones artísticas. Nadie mejor que él para conseguirlo.

Reconocemos sus trazos en los personajes que componen las cuatro historias del volumen. Es fantástico ver como es capaz de trazar una evolución psicológica y moral a través de una mirada, de un gesto. El texto apoya la imagen, la refuerza y ambas integran un todo que nos ofrece una experiencia desconocida hasta su publicación.

Estamos ante la primera novela gráfica de la historia. Y una de las mejores. 

Will Eisner consiguió, una vez más, revolucionar la cultura y el arte. Algo sólo al alcance de los genios.

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300 ( Frank Miller y Lynn Varley).

Hoy domingo, día lúdico para mí, quería hablaros sobre una obra que se sale de lo habitual a lo que hemos hecho hasta ahora en este blog.

Escribir sobre Frank Miller es hacerlo desde la admiración y la mayor humildad. Quizá a bote pronto a la mayoría de vosotros no os suene, pero estoy convencido que en algún momento habéis disfrutado de alguna de sus creaciones. Su obra más iconica, «Batman, el regreso del caballero oscuro», ha sido copiada hasta la saciedad en otras novelas gráficas y en el cine. El impacto de este autor en la cultura contemporánea es muy importante, tanto por sus obras como por su influencia en otros artistas.

300 es una obra maestra. Pero en una primera mirada no lo parece. No es profusa en diálogos, los dibujos y el arte parecen hechos con desgana y prisa. Pero si observamos atentamente cada detalle de sus páginas, sin darnos cuenta, vamos siendo absorbidos por la fuerza de sus escasas líneas de sus textos, las composiciones poderosas de sus encuadres, el maravilloso juego de sombras y colores rojo y negro. No podemos dejar de admirar la sutileza de su trabajo, que contrasta con el trazo poderoso y rápido de sus personajes.

Cuenta la «historia» de la batalla de las Termopilas, donde un puñado de espartanos se enfrentaron al imperio Persa. Este hecho es real y su importancia en la historia europea fue mayúscula. Pero que nadie espere encontrar realismo o rigor histórico. Miller nos sumerge en la épica, en el valor de unos héroes que sacrifican su vida para salvar a Grecia.

Publicada originalmente en 5 entregas, su lectura es rápida, pero os puedo asegurar que en mis manos pasó horas y horas, en las cuales admiraba los detalles, disfrutaba de sus matices, era feliz.

Estoy convencido de que, al igual que Leonidas y sus trescientos, Frank Miller perdurará en la memoria durante mucho, mucho tiempo.