Publicado en Libros, Novela

Cincuenta sombras de Grey ( E. L. James)

Hay libros que deben su fama a elementos muy alejados a su calidad. Pero hay fenómenos que vistos en perspectiva no se entienden con los ojos de hoy. El mecanismo que desancadena un mito no puede reducirse a un solo hecho o acción. Y aunque los editores puedan prever qué libro será un éxito no creo que puedan controlar la magnitud.
Empiezo así porqué el ruido mediático que nació con esta novela me dejó totalmente descolocado. Me acerqué a sus páginas empujado por lo que se oía, me lance a ser parte de lo que decían iba camino de convertirse en una locura colectiva.
Y cuando llevaba no más de cincuenta páginas (modo ironía), no entendía que había en ellas para haber levantado tanta expectación.
Sinceramente, hay un hombre, rico para más señas, que entiende el amor de la manera más ruin y dolorosa posible. Hay una mujer que se entrega voluntariamente a la humillación y el dolor. Las escenas que, supuestamente, habían generado tanto interés, están narradas como si fuera una lista de tareas a realizar en nuestro día a día.
En ningún momento pude entender una trama que me parecía burda, casi infantil. El amor y las relaciones son otra cosa, mucho más complejas.
Supongo que, a raíz de mi disgusto por lo que estaba leyendo, mi apreciación sobre cómo escribe la autora también se vio resentido. Los diálogos me parecen infantiles y muy forzados. Y sobre todo, en ningún momento consiguió que sintiera interés por esas escenas que habían parado el mundo.
Huelga decir que ni la segunda ni la tercera parte las leí. Quizá alguien me anime y me diga que la cosa mejora o, si por el contrario, tomé una buena decisión.

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La conjura de los necios (John Kennedy Toole)

Tenía este libro en la recamara desde hace ya un tiempo. Pero quizá me avergonzaba exponer públicamente mi opinión sobre el. Sería más correcto quitar el quizá.
Recuerdo comprar una edición de bolsillo con la máxima ilusión. En una época sin acceso fácil a Internet, la fama de la novela corria de forma desbocada por conocidos, profesores y algún programa de televisión. La mística que rodeaba a su autor, muerto prematuramente , que lo elevaba a la altura de otros genios atormentados, no hacia más que aumentar la necesidad de leerlo.
Pero cuando llegó el momento no encontré esa obra que me dejara con la boca abierta. No le quito su crítica social, pero ese humor a base de forzar situaciones y personajes no conseguía que me sintiera cómodo. Es cierto que denuncia un sistema que canibaliza a quienes viven en él, pero no dejaba de pensar que era normal que, ante esa galería de protagonistas trasnochados, con reacciones exageradas e incomprensibles, los equivocos fueran artificiales.
Es cierto que se lee muy bien, fácil. El uso de unos diálogos ágiles, dejando de lado largas narraciones, le otorgan un dinamismo fantástico. Incluso hay frases muy acertadas en su crítica social. Sin embargo, dentro de un tono irreal que rodea a todo el libro, peca de llevar hasta extremos imposibles esas situaciones. Las hay forzadas, demasiado, y eso hizo que la sonrisa del principio de tornara en una pequeña mueca de hastío.
Me gusta la literatura de denuncia, aquella que nos golpea con crudeza, directamente. No me entiendan mal, no soy del drama por el drama. Pero entiendo que la realidad ya tiene muchas posibilidades de plasmarse y denunciarse sin necesidad de envolverla en comedia.
También entiendo la fama de la esta novela. Quién no tenga mis prejuicios supongo que la disfrutará y agradecerá el clima surrealista que rodea al protagonista. Pero ese lector, está claro, no soy yo.
No dejen de leerla, estoy seguro que a la mayoría les gustará. Quizá soy un poco Ignatius Reilly. O un perfecto necio.

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El extranjero (Albert Camus)

Este fin de semana he compartido parte de mi tiempo con este clásico moderno. Tenía muchas ganas de leer a este autor y no me ha decepcionado en absoluto. Fácil de leer, la he devorado sin apenas darme cuenta y he terminado con ganas de más. Creo que más pronto que tarde caerá La peste.

Si la función principal de la literatura es conocer seres humanos y realidades distintas a la nuestra, creo que esta pequeña novela la cumple perfectamente. El protagonista de El extranjero comprende el mundo de un modo peculiar y Camus nos permite entrar en su cerebro de tal modo que podemos llegar a entender su punto de vista. Es una perspectiva completamente diferente a cualquiera que hayamos conocido y, sin embargo, no causa un extrañamiento completo. Su mente es coherente, en el sentido de que es siempre la misma, desde el inicio al final y, de algún, modo podemos comprenderla.

La peculiaridad del razonamiento del protagonista es que carece de moral, en el sentido social del término. En concreto, parece carecer completamente del sentimiento de culpa. Quizá esto sea consecuencia de que en todo momento presenta una excesiva intelectualización de la conciencia, de modo que las emociones que no son prácticas simplemente decide no tenerlas.

La novela se divide en dos partes, con dos contextos muy distintos, aunque la forma de actuar y de comprender el mundo por parte del protagonista es similar en ambas. En la primera, su vida es bastante anodina, con las preocupaciones de un joven normal. Tal vez lo más relevante aquí es que acaba de fallecer su madre (pero eso ya lo sabíais. ¿Quién no conoce el maravilloso inicio de esta novela?). En la segunda parte, su vida toma un giro inesperado y el joven se tiene que enfrentar a una de las situaciones más comprometidas en la vida de un ser humano: la muerte.

En definitiva, una novela que os recomiendo vivamente. Se lee fácilmente, te pone en el lugar de un otro muy distinto y, además, estamos ante la pluma de un verdadero maestro en el oficio. Sus frases cortas, sus juegos con los tiempos verbales (el presente y el pasado juegan al cucu/tastas de nuestra infancia), el control perfecto de una mente diversa y el modo en el que describe las reacciones del resto de personajes ante la actitud del joven son sencillamente magníficas.

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Paraíso (Abdulrazak Gurnah)

Este libro fue la propuesta de novela histórica para el club de lectura de mayo pero, como sabréis, no fue el libro elegido. Yo tenía muchas ganas de leerlo: a su autor le dieron el Nobel de literatura el año pasado y el argumento era muy sugerente: el viaje iniciático de un niño, Yusuf, al que su padre cede a causa de sus deudas.

Desde luego, es un libro muy bien escrito que te sumerge en un mundo que yo conocía bastante poco: el continente africano de principios del siglo XX. Y, sin embargo, la verdad es que el 80% del libro no me acabó de gustar.

La razón principal de que la mayor parte del tiempo no me acabara de llegar la historia de Yusuf es que, durante todo su viaje iniciático, el autor te cuenta lo que ocurre (lo que comen, lo que dicen, los animales que les amenazan, los pueblos a los que visitan), pero no lo que sienten. Las emociones de los personajes, incluidos los del propio Yusuf, los tenemos que inferir de lo que se nos cuenta desde fuera. Eso hizo que no acabara de sentirme cerca de ellos.

Tal vez otra de las razones es que es un libro excesivamente masculino. La mayoría de los personajes son hombres y, desde luego, el punto de vista de la historia es única y exclusivamente el de ellos. Y esto, claro, no ayudó a que yo entrara en la historia. Por último, creo que también tuve alguna dificultad con el ritmo de la novela. Definitivamente, el tiempo es distinto en la cultura africana.

No pude entrar bien en la historia en el 80% de la novela y, sin embargo, me alegro de haberla leído. Ha sido un viaje en el que he podido ser testigo de un modo de entender la vida e incluso de una forma de contarla muy distinta a la occidental.

Pero quizá os estéis preguntando por qué hablo todo el tiempo del ochenta por ciento de la novela. La razón es el capítulo final del libro. Cielo santo, qué capítulo. En él todo cambia completamente. De pronto sí estamos hablando de sentimientos. Ahora el autor sí me ha hecho un hueco y me ha dejado entrar en su universo. Ahí sí comprendo a Yusuf y puedo entender lo que hace a través de saber lo que siente. Tal vez no sea casualidad que es un capítulo en el que por fin aparecen personajes femeninos.

En definitiva, os recomiendo que leais este libro, aún sabiendo que en gran parte de la novela os sentiréis probablemente como extranjeros que no acaban de entender bien lo que pasa. El viaje merece la pena y el último capítulo indica que, más allá de las diferencias culturales, dentro de cada uno de nosotros late un corazón similar.

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Un mundo feliz (Aldous Huxley)

En un mundo cada día más incomprensible se hace necesario fomentar el espíritu de la crítica. Aquello de lo que adolecemos nos convierte en meros espectadores mudos de una realidad que no cuenta con nosotros.

A mediados del siglo pasado surgieron dos visiones aterradoras sobre cómo implantar ese pensamiento único y llano. Por un lado estaba Orwell, que con 1984, relató una tiranía impuesta con la violencia y la represión. Países como Corea del Norte son el ejemplo extremo de una forma de gobierno que interviene de manera salvaje e impune en la vida cotidiana de sus habitantes.

Por otro lado, la novela de Aldous Huxley, el protagonista de hoy. Con una visión diametralmente opuesta a Orwell, nos relata una distopia basada en el alejamiento del sufrimiento y la búsqueda absoluta y total de la felicidad. Todo está regulado en la sociedad que nos presenta, desde las clases sociales, impermeables, a las relaciones interpersonales, una organización dirigida al fin, donde lo único importante es el encubrimiento del dolor y el sufrimiento. Incluso los nacimientos están programados y se hacen con los mayores avances para que los recién nacidos aporten lo máximo al sistema. La religión está prohibida y el sexo es obligatorio. Todo con la ayuda de una droga tolerada

A priori es un sistema mucho mejor que el propuesto en 1984 pero escarbando un poco nos convenceremos de nuestra equivocación. La falacia que nos presenta el autor es la pérdida del libre albedrío del ser humano, la constancia de una vida sin opciones y con un fin determinado desde el nacimiento. Cualquier persona se siente prisionera, asfixiada.

Cuenta, ademas, con una feroz crítica al consumismo, personalizado en la figura de Henry Ford. En los años de la publicación original, el magnate americano representaba la cima del capitalismo y se nos muestra en la novela como el líder donde fijarse.

El argumento de la novela es confuso al principio, un hecho normal al querer presentar en pocas páginas una descripción detallada de las numerosas características de la nueva sociedad. Pero conforme avanzan las páginas la narrativa adquiere ritmo e intriga. Funciona muy bien la historia que hay detrás y que utiliza Huxley para destapar las miserias del sistema. Y funciona aún mejor como el ambiente nos va rodeando poco a poco, hasta convertir en agobiante la sensación de pasar una página. Sentimos el temor de hasta donde la mente de los protagonistas podrán aguantar esa imposibilidad de decidir nada contrario al pensamiento único del Estado.

Catalogada como una de las mejores novelas del siglo pasado, su vigencia sigue de rabiosa actualidad y, como no nos cansamos de repetir, nos muestra nuestra incapacidad para aprender de nuestros errores. Una vez más.

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Tres habitaciones en Manhattan (Georges Simenon)

Ya me disgusta hacer una reseña con un signo tan negativo. Simenon me encanta en sus novelas dedicadas al comisario Maigret, sin embargo quise arriesgarme y adentrarme en ese mundo en blanco y negro propio de las películas de Holliwood y que no tiene por protagonista a un detective y una «femme fatale».
Y lamento decir que esta pequeña novela ha sido un castigo. Debo confesar que hubo algunas páginas que pasaron en diagonal ante mis ojos.
El argumento es muy sencillo: dos almas solitarias y heridas se encuentran en mitad de la noche en un restaurante de servicio rápido, de Nueva York, y bastan dos miradas perdidas que se cruzan y varias frases topicas, para comenzar un peregrinaje por bares y tres habitaciones.
La historia no es lo malo, pues en su simpleza recae su punto fuerte. Tampoco el ambiente que se recrea, por mil veces visto en otras novelas y películas, no lastra el valor al argumento.
Lo que hizo realmente difícil su lectura fue la psicología que se dibuja en los personajes principales. Él es un actor venido a menos, y con un problema de celos y autoestima que arrastra desde un matrimonio roto. Ella es una mujer abandonada por su esposo y que no encuentra mejor manera de sobrevivir que coleccionando amantes.
Y los pensamientos de él y la condescendencia de ella dibujan diálogos y escenas que cuestan comprender y asumir. Quiero pensar que es mi nula formación lo que me impide disfrutar de lo que parece pretender ser un retrato profundo sobre la soledad y la tristeza. Pero no comprendo sus reacciones, sus intercambios de frases hirientes en medio de caricias.
Hay situaciones que en ningún momento me parecieron cercanas a la realidad y solo podrían haber sido asumidas en un mundo dominado por la locura.
No sé, como decía más arriba, seré yo quien no soy capaz de saborear novelas complejas. Pero creo que necesito volver al comisario Maigret para reconciliarme con Georges Simenon.

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El cocinero del Alcyon (Andrea Camilleri)

Pues ya solo queda una. Solo una para conocer el destino final de ese amigo que me ha acompañado desde hace tantos años.
Andrea Camilleri nos dejó en 2019, pero su capacidad de trabajo le hizo dejar dictadas (quedó ciego los últimos años) algunas novela más del personaje que le había dado todo, pero que él sentía le había arrebatado la vida. Quizá por eso su final lo escribió mucho antes cuando, me imagino, la sombra de Montalbano se le hacia demasiado oscura.
Lloraré cuando esa última entrega se acabe en mis ojos. Pero eso será otro día.
Con la novela de hoy me he vuelto a sentir afortunado. Pues sus páginas me arropan en la comodidad de lo conocido. Sigue siendo el mismo comisario deslenguado y reaccionario a los poderosos. Sigue su amada Livia. Sus fieles amigos Catallera, Fazio y Auguello. Y sigue el sentido del humor y la pasión por la buena mesa.
Con un ritmo narrativo que delata su origen cinematográfico, nos vemos inmersos en una vorágine que crece y crece hasta un final de infarto. En un apéndice del libro, Camillieri nos aclara que esta historia iba a ser el guión para una película, una que jamás se realizó. Pero sintió la necesidad de desarrollarla y situar a su personaje en una tesitura novedosa.
La principal virtud de la serie de novelas que componen el universo de Montalbano es su veracidad. La vida en ese pueblo costero es la misma que se sucede en tantos lugares del mundo. Sus preocupaciones, sus miedos y, por supuesto, sus sueños, son universales. La diferencia, que está siempre presente en cada entrega, es la humanidad de sus personajes. Hay muy pocos autores que hayan sido capaces de dotar a sus protagonistas de tanto realismo y, sin embargo, conseguir que el público se rindiera a sus defectos, manias y errores. Y lo hizo con veracidad, siendo fiel a su forma de escribir y expresarse, a su necesidad de situar a Montalbano en un pequeño rincón de Italia tan poco propenso a la acción como es Vigatta y con un lenguaje propio de la zona.
Hoy estoy hablando poco de la novela, pero es que poco puedo decir de ella. Es deliciosa, divertida, emocionante y muy humana. Pero todo esto no es una novedad. Todo forma y ha formado parte de un escritor excelso.
No sé si tengo ganas de leer la última entrega o, por el contrario, tengo miedo al pensar que ya no habrá más.

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Shogun (James Clavell)

Hoy quería hablaros de una novela diferente, al menos lo fue cuando se publicó. Es un Best Seller, por lo tanto me imagino que muchos de vosotros estaréis pensado: ¿diferente?, si todos esos libros son prácticamente iguales.
Y tenéis razón. No puedo negar que tiene muchas fórmulas repetidas hasta la extenuación por editores y escritores de éxito. Shogun no destaca por la profundidad de sus personajes, ni tan siquiera por la belleza de sus descripciones. Incluso me atrevería a decir que sus giros de argumento pueden llegar a marear. Con todo esto dicho, ha llegado el momento de decir porqué es mejor que la media.
Cuando se publicó, a mediados de los años 70, fue capaz de proponer una visión muy diferente de la sociedad nipona que se tenía por aquel entonces. Ese es el gran valor de sus páginas. No juzga, no se alinea con un pensamiento u otro. Simplemente nos traslada a una civilizacion tan apasionante como sesgada por nuestra visión occidental. Ser capaces de entender su filosofía, sus valores, sus inclinaciones, y hacerlo sin caer en tópicos o paternalismos es impresionante. Es apasionante constatar capítulo tras capítulo lo diferente de su conducta, de su forma de entender el honor, la familia, la disciplina o la muerte. También advierto que Clavell no fue especialmente riguroso con los datos históricos y los manejó para darle emoción e intriga, por ello no queráis encontrar una crónica exacta de la historia del Japón. Pero ni su autor lo pretendia ni es el medio para encontrar un rigor académico.
La experiencia como prisionero de guerra en Japón del autor le permitió conocer a sus «enemigos». Y de ese conocimiento nació una brillante carrera literaria centrada en las tierras del sol naciente.
El impacto que causó fue tal, que se desató en EEUU una especie de reivindicación de sus antiguos adversarios y generó una serie de televisión de gran éxito mundial.
Quién tenga curiosidad por un pensamiento tan diferente al nuestro que no dude en abrir sus páginas. La satisfacción de estar comprendiendo sus tradiciones supera con creces esos pequeños defectos inherentes a las novelas de consumo masivo.

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Los puentes de Madison (Robert James Waller)

Vamos a terminar este puente festivo con una de esas novelas que fueron engullidas por su adaptación a la gran pantalla. Nunca he visto la película, confieso que Clint Eastwood me gusta en otros papeles. Además, después de leer la novela no me quedó ninguna gana de hacerlo. No adelanto que sea una mala obra, al contrario. Tiene sus puntos positivos para entender el éxito de ventas que fue y su famosa adaptación. Pero es que la historia no me dijo nada. Y no comprendo su final. Pero sobre eso no diré más, por no estropearlo.
La novela nos narra una supuesta historia real. Unos hijos descubren unas cartas de amor escondidas por su madre, recientemente fallecida y encargan a un escritor que investigue sobre el verdadero significado de esas cartas, enviadas por un hombre que estuvo enamorado de ella durante años.
Y aquí es donde el autor acierta, mas allá de estilos o recursos literarios. Plantea una historia tan vieja como el mundo, o el amor. Dos personas que se encuentran casualmente y, sin explicar como, comprenden que están ante ese amor que siempre soñaron pero les estaba reservado a los demás.
Su pasión, la forma en la que sienten al otro, se convierte durante tres días en una sucesión de escenas románticas, de frases llenas de emoción, y por desgracia, de una sensación muy rara por el final que se aventura.
Pero, tal vez ese final, esa reacción, fue lo que la convirtió en un superventas.
Es cierto que su lectura es fácil, agradable en muchas ocasiones aunque sin nada que quede después. Es la historia, el fondo, lo que deja poso. Me imagino que por eso la película es mucho más conocida que la novela.
Pero si son amantes de las emociones, del romanticismo, no dejen pasar la ocasión de leer este pequeño libro, porque serán recompensados con creces.

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Orgullo y prejuicio (Jane Austen)

Un año de blog y aún nos quedan autores imprescindibles sin salir. Aprovechamos este principio de vacaciones para hablar del mejor libro de Jane Austen.

Comenzaré advirtiendo que no me gusta la novela romántica. No tengo nada concreto en contra de ella y, de hecho, lo he intentado con distintas autoras, pero no ha habido manera: me aburro a la segunda página y no consigo terminarlas.

Teniendo en cuenta esto, comprenderéis que no me sedujera nada leer una novela escrita en el siglo XIX y que narra el modo en el que cuatro hermanas de la alta sociedad se relacionan con sus vecinos, comen y beben, van a fiestas y consiguen marido (o no). Sin embargo, había algo que me animaba a intentarlo. Y es que todos los lectores en los que confío aseguraban que Jane Austen era mucho más que una autora de novela romántica.

Y, sin lugar a dudas, tenían razón. El personaje de Elizabeth Bennet es uno de los más interesantes que conozco. Una mujer inteligente, independiente, divertida, auténtica. Un reflejo, sin duda, de la personalidad de la autora. Solo por conocerla merecería la pena leer la novela.

Pero hay más: la ironía con la que están contadas las escenas más conservadoras, el personaje del padre (que no es aragonés, pero lo merecería por lo somarda que resulta), o el ritmo de toda la novela, que hace que la leas del tirón. En definitiva, las encantadoras y elegantisimas hermanas Bennet no tenian una vida que me interesara en absoluto y, sin embargo, la novela me sorprendió para bien y me quedé con ganas de seguir leyendo a la autora.

De hecho, estos días atrás lo intenté con otra de sus novelas más conocidas, Emma. Lamentablemente, en esta ocasión ha sido un fracaso absoluto y la he tenido que abandonar a mitad. Pero esa ya es otra historia que quizá os cuente otro día.