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Capitán de mar y guerra (Patrick O’Brian)

Nuestro autor de hoy es un hombre de extremos. Triunfó cuando la mayoría ya estaría pensado en la jubilación, se le odia y ama a partes iguales y su punto de vista de la historia, bajo el caleidoscopio del Imperio Británico, no suele ser muy apreciado entre los rivales tradicionales, como Francia y España. Por si fuera poco, sus novelas, compendio de términos marítimos, sucesión de batallas interminables y descripciones detalladas de la vida a bordo de un barco del siglo XVIII, gustan o se odian. Así de simple.  Nada en él deja indiferente.
Pero cuando ha sido capaz de publicar veinte novelas sobre Aubrey, el marino más famoso de la literatura inglesa, por algo será. Porque donde unos ven defectos, otros ven virtudes. Sus páginas consiguen que nos sintamos marinos. La profusión de términos marineros puede molestar al principio, pero conforme trascurre la novela, dicho vocabulario se integra en nosotros y cuando falta, lo notamos.
Además,  consiguió crear una pareja de protagonistas que se hacen querer.  Tan distintos entre ellos pero inseparables en las entregas que comparten. Aunque basado en hechos históricos, las aventuras de nuestros protagonistas transcurren más en un fondo artificial donde prima el espectáculo por encima del rigor histórico.
Esta novela, sin ser la más lograda de la serie, hizo de su autor un escritor famoso y respetado, más de 20 años después de su publicación hay que decir. Su estilo, que mezcla unos diálogos cortos, sin perder los modales de la corte inglesa, con unas descripciones que se pueden prolongar por varias páginas, engancha e interesa por el realismo que es capaz de acercarnos. A la postre, es como mirar un gran cuadro naval conociendo a quienes estan dentro de él y sintiendo la espuma de las olas salpicar en nuestra mente.
Una recomendación que espero no caiga a las frías aguas del océano.

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Otaku Center (Madrid)

Maravillosas sorpresas se esconden en cada rincón que estamos recorriendo en nuestras vacaciones. Ayer, por sugerencia de nuestra pequeña Elsa, nos tocó descubrir en Madrid Otaku Center, el paraíso para los amantes del manga. Mamen y yo, que no somos muy aficionados a ese mundo, no pudimos dejar de asombrarnos por el tamaño de la librería, sus interminables estanterías repletas de cómics, figuras y merchandising relacionado con Japón y su cultura.

Un rincón en la ciudad donde se dan cita todo lo que se pueda imaginar dentro de la cultura manga.
De que somos muy neófitos en este tipo de literatura da idea que descubrí ayer que se leen de atrás a adelante. Una cosa más que aprendí.


Con un aforo máximo, muy limitado por la covid, de 30 personas, el flujo de entradas y salidas es interminable. Por edades, los más numerosos eran los adolescentes, lo cual nos alegra muchísimo. Pero es una librería que invita a familias enteras a visitarla. La gente joven está interesada en leer, una gran noticia y librerías como ésta fomentan esa afición. Ahora nos toca a los que somos un poco más veteranos empujar un poco para que no decaiga el interés.
Un lugar de encuentro, a pocos minutos de la Gran Vía. Un pedacito del imperio del sol naciente a nuestro alcance.

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Librería Gil (Santander)

Tenemos la suerte Mamen y yo de entender las vacaciones como un momento para conocer mucho más acerca de nuestra pasión por los libros. Y aprovechando los días que estamos pasando en Santander, era obligado conocer alguna de las muchas librerías que se ubican en esta bella ciudad. La elección, puro azar, quiso llevarnos hasta Libreria Gil. Mejor dicho, a una de las librerias que tienen en la capital. Fundada en 1963 por los padres, ahora la gestionan  cuatro hijos, encargados de dar vida a tres librerías y un centro distribuidor.


Nosotros fuimos a la ubicada en la calle Hernán Cortés, muy cerca del paseo marítimo. Y salimos encantados, con una sonrisa y dos libros bajo el brazo. Si no pecamos no somos nosotros.

Distribuida en dos plantas, nuestro centro de atencion principal fue la superior, donde nos quedamos maravillados de cómo presentan los libros sobre las estanterías. Los habíamos visto ordenados por géneros, por índice alfabético, por editoriales, etc…, pero esta es la primera vez que los vemos ordenados y presentados por países o regiones. De una parte teníamos literatura inglesa, de otra francesa, por supuesto no faltaba la hispánica, la de más volumenes. Pero era una maravilla poder ver libros de origen nórdico o sirio, por ejemplo. Tener a tu alcance tal variedad de autores, de formas de entender la literatura, hizo que la visita fuera un regalo.


La sección de ensayos también nos llamó poderosamente la atencion. ¡Toda una sala dedicada a estos libros! Su variedad y la pluralidad de su temática redondeó una visita inolvidable.


También queríamos dar las gracias a las personas que trabajan allí, que nos atendieron con tanta amabilidad y que me contestaron pacientemente a varias preguntas sobre unos libros.


Una mañana bien aprovechada, que nos permitió conocer una nueva forma de presentar aquello que amamos.

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Libreria General (Jaca)

Con muy contadas excepciones, llevo subiendo a Jaca al menos una vez al año desde finales del pasado siglo. Estos más de veinte años de visitas regulares han hecho que en esta preciosa ciudad del Pirineo aragonés me sienta un poco como en casa.

Hoy os quería hablar de mi librería jacetana favorita: la librería General. Un pequeño establecimiento con un más que aceptable fondo de libros y, lo que más nos importa a los lectores, un personal amable que escucha y te recomienda el libro que necesitas.

A lo largo de estos años son innumerables los autores que he descubierto gracias a sus sugerencias. Aquí me acerqué por primera vez, por ejemplo, a Joël Dicker, un autor que me ha acompañado después durante horas de lectura; también fue la razón por la que empecé a leer a Víctor del Árbol.

Qué importantes son los libreros y las libreras que, desde los más recónditos lugares nos esperan para presentarnos el libro que estamos necesitando leer. Cuánta felicidad proporcionan estas pequeñas librerías. Si os pasáis por Jaca, buscadla. Junto a la calle Mayor, haciendo esquina, os esperan horas maravillosas de lectura.

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Librerías Re-Read (Zaragoza)

Qué dulce es la sensación que se siente cuando uno se reencuentra con ese libro que hace años tanto le gustó. Cogerlo suavemente recordando sus líneas, ojear la portada que tantas veces vimos.
Si además, es un libro que se perdió, la felicidad es completa. O simplemente coger una edición de un autor del que hemos oído hablar pero que nunca hemos tenido la oportunidad de leer. Caer en la tentación es fácil, y en materia de libros nos gusta pecar.

Nos solemos regalar periódicamente una visita a la librería Re-Read. Cuando entramos sabemos que es muy difícil que no salgamos con algún libro en la mochila. Nunca sabemos qué podremos encontrar, pero disfrutamos mucho de la búsqueda.

Ayer fue uno de eso días. Una tarde de tormenta, impropia de finales de julio. Y casi en el comienzo de nuestro paseo, un cartel en negro, pequeño, con una frase sobre la lectura: una invitación a viajar a través de los libros.

Entrar en Re-Read es comenzar un viaje a nuestro pasado. El olor a papel es más intenso quizá que en otras librerías, fruto de la larga vida que llevan ya los ejemplares de sus estanterías. Las secciones están perfectamente descritas y el fondo de libros es extenso y muy variado.

Y como casi siempre que entramos, dos libros nos hechizaron en esta ocasión. Dos pequeñas joyas que estamos deseando comenzar a leer. Dos libros, cuatro euros. Soñar es gratis. Disfrutar de la lectura también lo es prácticamente.

Zaragoza tiene la suerte de contar con dos librerías Re-Read. Una en Fernando el Católico. La otra en la calle Coso. Un proyecto fantástico con el que ayudamos a reducir las talas indiscriminadas de árboles, damos nuevas oportunidades a libros que aún tienen por delante muchas horas de felicidad y es una manera fantástica de racionalizar nuestra sociedad de consumo.

Ahí dejamos la apuesta. ¿Alguien puede ofrecer más?

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Librería Elkar (San Sebastián)

Fin de semana lúdico, de relax. Y hemos elegido la ciudad de San Sebastián para recargar las pilas y afrontar la recta final antes de las vacaciones.

Un lugar precioso, de playas urbanas maravillosas y un casco antiguo para deleitarse con las mejores tapas. Y en medio de ese casco, una librería. Mejor dicho, una gran librería, por tamaño y selección: Elkar.

Nos quedamos sorprendidos por la ubicación elegida. No esperabamos encontrar este espacio de cultura dentro de una ruta más propia de la gastronomía. Superada la sorpresa, no hizo falta más que un gesto de complicidad para traspasar sus puertas y adentrarnos con la boca abierta, mascarilla puesta, en una librería donde el cuidado y el mimo por los libros destaca nada más entrar. Un local distribuido en dos plantas, acogedor y cálido. Después de unas pequeñas vueltas admirando su fondo de libros caímos en la tentación y nos hicimos con dos ejemplares que próximamente aparecerán aquí. Dos libros que escogimos de la sección de bolsillo. Pero al contrario de lo visto en otras librerías, aquí tienen un espacio digno. Una ubicación central y protagonista que demuestra una cosa : una librería no es sólo un lugar lleno de libros, también es un lugar donde cuidarlos.

Queremos agradecer la simpatía con la que nos atendieron. Nos animaron a tomar todas las fotos que quisiéramos. Una delicia de experiencia.

Repito, no es sólo un lugar de libros, es un lugar de encuentro para personas que disfrutamos con ellos.

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Librería La General (Ainsa)

Esta Semana Santa aprovechamos el desconfinamiento perimetral de Zaragoza y subimos al Pirineo. Al llegar a Ainsa nos topamos con esta pequeña librería llamada La General y no pudimos evitar entrar a echar un vistazo.

Los más atentos ya habréis visto en una de las fotos la sorpresa con la que me encontré en el interior. Mi segundo apellido no es demasiado frecuente y, aunque no me consta que mi familia proceda de Ainsa, me hizo ilusión que un Chéliz fuera el fundador de este establecimiento.

Aunque, si os soy sincera, os diré que no me hacía falta este guiño de la casualidad para sentirme como en casa. Esta libreria tiene el encanto de los pequeños santuarios de libros. Destaco especialmente su buena selección de novelas gráficas. Sin duda es un lugar al que no dejaré de volver.

Ojalá encontremos siempre pequeñas librerías supervivientes allá donde vayamos. Porque para oxigenarnos, nada mejor que un libro como complemento de la naturaleza.