Publicado en Libros, Poesía

La guardiana del fuego (Mar Blanco Larrosa)

Ya he dicho muchas veces que no tengo una voz poética en mi interior y que por eso no soy lectora de poesía. No la entiendo, no la siento, no sé. Es como si los demás vieran algo que a mí se me escapa.

La única razón por la que una vez al año me enfrento a la lectura de un libro de poesía es por el reto de Libropatas que sigo, que siempre le dedican uno de los libros. Este año, el punto 4 es un libro de poesía publicado en 2021.

Elegí este en concreto porque me gustó el poema de su contraportada, el segundo del poemario, porque es un libro editado por El gato negro y lo tenía en casa, porque es pequeño y, sobre todo, porque estaba dedicado a la figura de Frida Kahlo. De hecho, el poema que me llamó la atencion termina con la frase célebre de la pintora: <<donde no puedas amar, no te demores>>. No hace falta ninguna voz poética interior para reconocer la belleza y la verdad de esas palabras.

El libro se divide en tres partes desiguales: Origen, que, para mí, es la parte más bella; Ser, la más extensa y Silencio, que solo consta de 4 poemas.

No puedo decir que lo haya disfrutado pero intuyo que a los amantes de la poesía os gustará, porque tiene cierto aire de verdad, de honesta desnudez, que atrae. Si estáis buscando un libro de poesía, dadle una oportunidad.

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Este es mi nombre (Adonis)

Si por algo sigo el reto de lectura de #Retopata (además de por disfrutar de los maravillosos amigos que allí hago y por conocer autores y libros únicos) es porque me obliga a salir de mi zona de confort lectora. En el reto he leído libros a los que jamás me habría acercado y eso me ha permitido tener experiencias increíbles, conocerme mejor a mí misma y encontrar inesperadas pasiones. Hasta ahí genial. Pero lo de este libro creo que ha sido excesivo.

Este es mi nombre viene a cubrir mi último punto del reto 2021 que consiste en un libro de poesía de un autor que no sea ni europeo ni americano. No tenía fácil solución. Yo no leo poesía por gusto nunca (no tengo una voz interior poética, qué le vamos a hacer. Si me la leen bien, es otra cosa). A mi rechazo general a este género se añadía que iba a ser poesía traducida, que no es lo mismo, y de una cultura muy alejada a la mía. Complicado.

Tan difícil lo vi que pedí ayuda a mi librero de confianza. Y Pepito me trajo este libro. Echadle un ojo. Es una edición bilingüe bellísima. Y el editor-traductor no solo ha escrito un prólogo explicando lo que vas a leer, sino que te acompaña toda la lectura con notas a pie de página. Gracias a él entendí que el poeta habla de su realidad política, que tiene reminiscencias de Lorca y que supone una ruptura con la poesía árabe de su tiempo.

Desgraciadamente, todo en vano. No he conseguido entender bien lo que me quería decir Adonis con sus múltiples metáforas. Y a mí, si no comprendo, no me llega. Ya he confesado antes que no tengo voz interior poética. Una pena.

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El rayo que no cesa (Miguel Hernández)

No soy de leer poesía. Quizá poemas sueltos, pero casi nunca un libro entero. Por eso, lo que me ocurre con Miguel Hernández es inexplicable.
Todo comenzó en mi niñez. Mi padre admiraba y escuchaba a Joan Manuel Serrat y al grupo Jarcha. Aunque a priori no parece que sean muy afines sus estilos musicales, tienen en común haber musicalizado poemas del gran poeta. Y recuerdo horas y horas con aquellas cintas de casette y unos auriculares del tamaño de mis puños aprendiendo de memoria estrofas de la Elegía a Ramón Sijé. Y por este poema en concreto comencé a leer al poeta.
Un autor silenciado por la represión franquista y que aún hoy se le niega el reconocimiento que merece. Su obra es fascinante y, como autor, debería estar a la altura de otros poetas que también fueron callados por la dictadura. Heredero temporal de la generación del 36, sin embargo todos los críticos coinciden en posicionarlo más próximo a la del 27. Sus poemas fueron canto de libertad, de dolor, de celebración y, por último, de rebelión.
Con El rayo que no cesa abordó el amor y su falta. Dedicado a las tres mujeres que estuvieron en su vida, sus poemas nos narran las desventuras de un amante que nunca llegó a sentirse completo. Y es en su último poema, que Miguel Hernández adjuntó a última hora, cuando llega esa elegía, un llanto por la pérdida de su amigo, que uno no puede dejar de sentir como si fuera propia. Bellísimo en su tristeza, su lectura sale de las mismas entrañas.
Para quien no lo conozca, recomiendo escucharlo en boca del grupo Jarcha.
Ya verán como después de este pequeño libro se lanzan a conocer el resto de su obra. Sería una gran decisión.