Publicado en Cómic, Libros

Las aventuras de Tintín (Hergé)

En dura pugna con Asterix por ocupar un lugar en mi corazón adolescente, ha estado siempre Tintín. El eterno joven, de pantalones bombachos y con Milú, un fox terrier adorable, siempre a su lado.
Hubo una época que quería ser periodista. Pero no un periodista cualquiera. Quería ser uno de esos que resolvia misterios, atrapaba a los malvados, viajaba por todo el mundo y nunca perdía la sonrisa, ni siquiera en las peores situaciones. Casi nada.
Con un elenco de acompañantes casi tan inolvidables como el propio Tintín, sus historias se enriquecian notablemente con esos personajes que ponían  siempre el contrapunto cómico a los álbumes.
Sin duda, mi preferido fué siempre el capitán Haddock. Un gruñón marinero pero incondicional amigo. Defensor de las injusticias y azote de los malvados.
Publicados durante décadas, los álbumes fueron evolucionando, a mejor, consolidando un fenomeno fan increíble. Sin duda, sus mejores trabajos llegaron en una segunda época, coincidiendo con el título de El secreto del unicornio y su segunda parte : El tesoro de Rackham el rojo. Sus guiones fueron ganando en calidad y complejidad. Y nuestro protagonista se hizo un poco más mayor. ¡Incluso perdió sus pantalones bombachos por otros de corte más clásico!
Un clásico, que nació hace más de 90 años y que sigue tan vigente como el primer día. Un personaje inolvidable que incansablemente me acompañó en mi juventud y sigue ahí, al pie del cañón.

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El Capitán Trueno (Víctor Mora y Ambrós)

Cuando ayer Mamen colgó su reseña, con referencias a aquellos años de juventud, al instante fue haciéndose presente un recuerdo muy bonito de la mía.


Los cuadernillos apaisados, de un papel horrible y que siempre terminaban con las páginas sueltas, siempre serán parte de mí. Mi amor por la lectura, también por la historia, comenzó a fraguarse entre viñeta y viñeta de este intrépido capitán. Un personaje que visto con los ojos del siglo XX puede parecernos muy casposo, pero quienes crecimos esperando que el siguiente número llegara a los kioskos le perdonamos ser fruto de su tiempo y de las circunstancias de censura en las que se encontraba.

Me quedo con los valores positivos que rezumaban sus páginas. Había tantas cosas que me hacian feliz cuando acompañaba al Capitán Trueno en sus aventuras…

Porque no creo que haya habido un personaje con tanta capacidad para encontrarse en medio de tantos líos. No había leído el desenlace de su anterior gesta, cuando en la viñeta siguiente, su creador, el gran Víctor Mora, ya nos involucraba en otra, aún más difícil y con un final más que dudoso. Pero no había rival ni peligro que hiciera que nuestro héroe desfalleciera ni por un instante.

Y qué decir de sus amigos, Goliath y Crispín. Quién no ha imaginado sentirse parte de ese trío que, pasara lo que pasara, se procesaban una lealtad incondicional. Y para redondear al trío, ella, la princesa nórdica, Sigrid. Tan valiente como ellos y por el que nuestro protagonista cruzaba el mundo y lo desafiaba.

No quiero olvidarme de su dibujante, Ambrós. Como sucede con tantas figuras de nuestro país, su reconocimiento es más notorio fuera. Con unos comienzos duros por la posguerra, sus trazos dinámicos, su capacidad para transmitir al lector las sensaciones que expresaban nunca han serán suficientemente alabadas. Un trabajo arduo y sin el que los guiones de Mora no hubieran tenido la fuerza que tuvieron.

Ya en mi madurez conseguí hacerme con la colección entera. Un pequeño tesoro que me hace sonreír cada vez que mis ojos reparan en sus volúmenes. Un pedazo de la historia gráfica de nuestro país. Un trocito muy importante de mi cultura.

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Lobezno: origen (Paul Jenkins, Andy Kuberts y otros)

Para una tarde de viernes os proponemos una novela gráfica un poco desconocida para el público general pero obra de culto para los seguidores de este personaje.

La editorial Marvel, una de las más potentes, siempre quiso mantener oculto el origen de uno de sus superheroes más impactantes. Porque Lobezno ha sido desde su aparición en la década de los setenta un personaje principal en las tiradas de la editorial. Y el secreto de su pasado se convirtió en uno de sus puntos de atracción para los lectores que lo descubrimos. Hasta que el éxito hizo imposible acallar las peticiones de sus fans.

Su eclosión al gran público vino de la mano de sus adaptaciónes cinematográficas.   Aprovechando la fama mundial de su personaje, Marvel aprovechó para dar al público lo que durante tanto tiempo le iban pidiendo ¿quién era en realidad el nuevo fenómeno de masas?

Una novela gráfica que se editó en entregas pero que en la actualidad es posible encontrarla en una edición con tapa dura. El guión es obra de Paul Jenkins responsable de la modernización del Universo Marvel. Una delicia que se complementaba muy bien con los dibujos de Andy Kubert. Quien se acerque a sus páginas encontrará un dibujo delicado que contrasta poderosamente con la historia dura y las actitudes mezquinas de algunos de los secundarios que aparecen.

Una historia con tintes del medio oeste y con mucha referencia al universo de Mark Twain, que desarrolla una vida que abarca la tristeza, el odio y la soledad. Quizá no fuera del agrado del público en su día pero con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en lectura obligada.

Una historia dura dentro de unas páginas bellísimas.  Reflejo de nuestro protagonista de hoy.

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Colección Astérix y Obelix (Uderzo y Goscinny)

Esta no es una reseña cualquiera; es un homenaje a todas las tardes que pasaba en la biblioteca releyendo una y otra vez cada tomo de la colección. Tardes después del colegio, llegando a la carrera y con la bibliotecaria, ¡bendita paciencia!, poniéndonos en fila para  llegar hasta las estanterías de los cómics. Y allí, ordenados pulcramente en la cuarta estantería, segunda balda, estaban Asterix y Obelix acompañados por toda su aldea, que resistían una y otra vez al empuje de unos locos romanos.

Volumenes que estaban ajados, manoseado por las decenas de niños que nos disputabamos conseguir nuestros preferidos. Porque cada uno de nosotros tenía uno por encima de los demás . El mío era «Astérix legionario». No me cansaba nunca de sus giros argumentales y los chistes, tanto gráficos como de texto.

Tengo el pequeño orgullo de poseer la colección completa y la voy completando número a número estos últimos años con las novedades que la editorial va sacando . Nuevas aventuras que quizá no hagan justicia a aquellos números originales de René
Goscinny y Albert Uderzo. Pero cuando termino cada uno de estos últimos lanzamientos mi primer pensamiento siempre es el mismo : eran unos genios y, por lo tanto, sería injusto comparar a los nuevos creadores de sus aventuras con ellos. Nadie se puede comparar.

Aprendí a disfrutar de la lectura con ellos, aprendí unos valores que me han acompañado desde entonces, aprendí a amar la historia con sus aventuras. Y todo lo que aprendí me formó y moldeó.

Y lo hice con una sonrisa. Gracias a ellos.

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Mafalda, todas las tiras (Quino)

Le he dado tantas vueltas a la reseña de hoy que me siento un poco la bola del mundo a la  que nuestra protagonista abraza, habla y cuestiona. Porque Mafalda es la niña de las preguntas incómodas, la de las verdades como losas y razonamientos impecables.

Parece mentira que esta niña haya influido tanto en el mundo hispano a partir de tiras muy sencillas de ejecución, en blanco y negro y diálogos justos. Y aunque lleve más de sesenta años con nosotros su producción no se alargó más de diez.

Cada día nos encontramos, en las redes sociales, en los periódicos o incluso en programas de televisión alguna frase o referencia que ha salido de la pluma del creador argentino. La importancia de la «filosofía Mafalda» está más vigente que nunca.

Con  diálogos memorables, las expresiones finales suelen dar en el blanco y devorar una tira tras otra se hace inevitable, aunque el volumen recopilatorio que nos ocupa se hace incómodo de manipular y echemos de menos los volúmenes más livianos de antes.

Quino consiguió a través de Mafalda llevar al público su visión del mundo, sus opiniones de política, de filosofía, incluso sobre el sexo.  La situación de su país, Argentina, fue foco de su certero análisis y lo hizo con tanto sentido del humor y elegancia que su fama traspasó fronteras.

Y lo hizo con un universo de protagonistas que hicimos nuestros. ¿ Quién no tiene uno preferido, aparte de Mafalda? Nos pondremos reconocer en algún momento de nuestra vida en la piel y pensamiento de Guille, Susanita, Manolito o la madre, Raquel, que se empeña en la sopa a pesar de las protestas airadas de nuestra niña.

Personalmente me quedo con  Felipe. Que pasa su tiempo entre ensoñaciones sobre juegos y aventuras y su odio a la escuela y los deberes.

Y mientras, el mundo sigue girando y Mafaldas de todo el mundo se siguen cuestionado lo mismo desde hace más de medio siglo.