Publicado en Libros, Novela

Dientes de leche (Ignacio Martínez de Pisón)

Lo que más me gusta del verano es que el tiempo va más despacio, todo parece ralentizado. Hay cosas que hacer, correos que contestar, pero menos y, sobre todo, con menos urgencia; el calor inunda todo y nadie espera de ti la eficacia del resto de estaciones. Eso es fabuloso, porque permite dedicar más horas a la lectura y terminar un libro como este en cuatro o cinco días. La felicidad.

Dientes de leche cuenta la historia de una familia a lo largo de más de medio siglo. En todo ese tiempo suceden muchas cosas, claro, pero este libro, más que contar aventuras describe personajes. Son ellos, los Cameroni, los protagonistas de esta novela. Os los presentó:

En primer lugar tenemos a la generación de los abuelos: Raffaele, un italiano pobre de solemnidad que se viene a España a luchar en la guerra por un motivo bien prosaico (poder enviar dinero a su familia), pero por el camino se hace fascista. La conversión del abuelo es fruto de una disonancia cognitiva (tiene que explicarse a sí mismo qué hace tan lejos de casa, matando desconocidos y arriesgando su vida), por lo que resulta definitiva y absoluta. Raffaele será el fascista más abnegado y convencido, pasen los años que pasen y ocurra lo que ocurra a su alrededor. A su lado, Isabelita, que con el tiempo se convertirá en Isabel. Una española a la que la guerra le arrebató la infancia y la esperanza y que tratará de calmar el dolor y las pérdidas al lado del hombre equivocado. Y de fondo la tía Milagros, que apoya, acompaña y sostiene sin apenas darse a conocer.

En segundo lugar tenemos la generación de los hijos (Rafael, Alberto y Paquito), que se debaten entre una infancia y un padre fascista y una madurez de apertura democrática. Junto a ellos, Elisa, la nuera, la única que no tiene sangre Cameroni, pero la verdadera columna vertebral de la familia. Una generación que busca la felicidad como puede. Algunos en las pequeñas cosas, en las relaciones más íntimas; otros en la reparación y en la justicia.

Y por último, Juan, el nieto. Su adolescencia discurre ya en plena transición y el vínculo con el abuelo fascista es al mismo tiempo imposible y necesario.

Una novela muy bien escrita, que retrata de forma excelente lo que ha ocurrido en nuestro país desde la guerra civil a nuestros días, pero que destaca por el modo en el que presenta a sus personajes. Profundidad, sensibilidad, verdad. Impresiona, por ejemplo, el modo respetuoso y tierno a la vez en el que trata la discapacidad intelectual. Leyendo estas páginas, uno acaba entendiendo y queriendo a todos los personajes. No porque sean excepcionalmente buenos, que casi nunca lo son, sino porque son totalmente comprensibles y cuando entiendes a alguien no puedes evitar encariñarte con él.

Publicado en Libros, Novela

Nada (Carmen Laforet)

Durante años tuve la intención constante de leer esta novela. De este mes no pasa, decía, pero luego nunca encontraba el momento. Sabía que era una de las imprescindibles, intuía que me iba a gustar, pero al mismo tiempo me daba pereza. Imagino que haber oído hablar tanto de ella me hacía temer que no me aportara nada nuevo y me acabara desilusionando. Que la autora fuera una veinteañera en el momento de escribirla me temo que era uno de los motivos (nadie está libre de prejuicios); que estuviera ambientada en la triste posguerra española era otro.

Como ya sabéis los que la habéis leído, yo no podía estar más equivocada. Carmen Laforet demuestra en esta novela una madurez muy superior a la que uno esperaría en una mujer tan joven. Desde sus poco más de veinte años escribe como si hubiera sentido todas las emociones, como si hubiera vivido todas las experiencias, como si supiera todo de la vida. De ahí que todos los personajes, sus reacciones y sus diálogos sean absolutamente creíbles.

En cuanto a la novela en sí, estamos ante algo más que el viaje iniciático que yo esperaba. Se trata más bien de un Cumbres Borrascosas a la española, con el hambre de posguerra y la maravillosa Barcelona de fondo.

En resumen, si aún hay alguien por ahí que no la haya leído, leedla. En serio.

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El mundo de ayer (Stefan Zweig)

Cuando el 16 de abril dediqué una entrada de este blog a escribir sobre Stefan Zweig, algunos de vosotros me aconsejasteis, en Twitter, que leyera este ensayo sobre el siglo XX. Me picó la curiosidad, la verdad. Era la oportunidad de leer a mi autor favorito sin el velo intermediario de la ficción. Un Zweig a corazón abierto, hablándome directamente de su vida.

El mundo de ayer es una obra realmente impresionante, que hay que leer. Ahora bien, a pesar de lo que dice el subtítulo (Memorias de un europeo) y a pesar de que realmente cuenta lo que ha vivido, no se trata, en absoluto, de una autobiografía. Y es que Zweig, en realidad, no nos habla de él mismo (a duras penas entrevemos detalles de su biografía, como si estuvo casado o si amó alguna vez a alguien). Probablemente porque, como él mismo afirma en distintos momentos, su intimidad es suya y solo suya y no se sentiría cómodo dándola a conocer al mundo.

No. No es una autobiografía, aunque nos cuente algunos detalles superficiales de su existencia, como dónde vivió o qué se compró. Se trata, más bien, de la crónica de una época. Como los anales de los antiguos romanos, esta obra es testimonio de los sucesos históricos de un pueblo (Europa), a lo largo, ya no de un año, sino de más de medio siglo. ¡Y qué medio siglo! Zweig, judío austriaco, intelectual, humanista y cosmopolita, cuenta en primera persona el fin de un imperio, la terrible gran guerra, el periodo entreguerras y el advenimiento de Hitler, hasta la segunda guerra mundial. Se trata de un testigo incomparable, pues conoció el éxito y la desgracia; viajó y vivió en muy diversos entornos (Austria, Alemania, Francia, Inglaterra principalmente, pero también Rusia, Estados Unidos, India, Argentina o incluso un tímido encuentro con la España en guerra) y se codeó con altos mandatarios y grandes artistas e intelectuales de la época.

Y, más allá de una crónica de la primera mitad del siglo XX, este libro nos regala una reflexión profunda sobre el ser humano y su naturaleza. La necesidad de libertad y de sentido de pertenencia; la existencia del mal y la necesidad de preverlo y pararlo a tiempo; los límites del dolor, la fuerza del espíritu en la derrota. Leer a Zweig en este ensayo es recorrer de su mano el alma del ser humano. Qué necesario eres hoy, querido Stefan. Gracias por pervivir en tus libros.

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Calaveras atónitas (Jesús Moncada)

Abrir Calaveras Atónitas y comenzar a leer es coger un autobús a la Mequinenza de los años 50 de la mano de su más célebre paisano, el gran Jesús Moncada.

En la pequeña ciudad de provincias sobreviven y conviven las dos Españas. Como las dos caras de una moneda, pareciera que una no pudiera vivir sin la otra. Se observan, se critican, se insultan, incluso, pero en estas páginas la sangre no llegará al río.

Porque detrás de esta España cainita está Moncada con su sentido del humor, su prosa brillante, las situaciones imposibles, los comentarios irónicos, los giros del guion… y la España de postguerra, esa España que recordamos triste, gris y hambrienta, se convierte en sus manos en una fuente de luz. La Mequinenza de Moncada es España, pero no. Es, sencillamente, un lugar mejor de lo que fue.