Publicado en Libros, Recomendaciones temáticas

Libros para un fin de semana terrorífico

Al hilo de la fantástica entrada de ayer de Mamen, recomendando libros para ayudarnos a sobrevivir a nuestros muertos, surgió la idea de hacer un pequeño repaso a las novelas de terror que hemos reseñado en el blog, y ya de paso, hacer alguna recomendación adicional para animaros en este fin de semana de Halloween.
Comenzamos con el clásico de los clásicos, Drácula, el señor de la noche, que comenzó la fiebre por los vampiros y todavía en la actualidad sigue siendo una de las novelas más influyentes del género.
Con un enfoque más contemporáneo pero manteniendo la esencia del personaje, Kostova escribió La historiadora, donde el vampiro mostraba unas aristas más humanas sin perder ni un ápice de su maldad.
Soy leyenda, de Matheson, nos sumerge en una sociedad dominada por los vampiros, dando forma a una historia asfixiante y sobrecogedora.
Dentro del género de los vampiros no podemos dejar de recomendar la saga de Anna Rice, que tiene su principio en Entrevista con el vampiro. Para los jóvenes lectores, la saga Crepúsculo, de Stephenie Mayer, aunque en está ocasión los vampiros sean la excusa para armar una saga que podría encuadrarse más dentro del género romántico.
Para los amantes de los monstruos clásicos, su elección debe ser Frankenstein, de Mary Shelly. Una novela arrolladora por su intensidad, con una historia tan atractiva como aterradora.
También en el blog hemos tenido espacio para el rey del terror, Stephen King. Con la novela Cujo, temblamos ante las fauces gigantescas de un san bernardo y las erráticas vidas de los habitantes de una pequeña ciudad. Un best seller que nunca defrauda.
Dentro del género del misterio pero con tintes de terror nos encontramos con The Relic. Esta fue la primera aparición del agente Pendergast y aunque la historia tiene la intención de ser una novela negra, el miedo que nos hace pasar la conviérte en una elección magnífica para este fin de semana de terror.
Algo parecido nos ocurre con El silencio de los corderos. Es imposible permanecer frío ante la presencia de Hannibal Lecter. Página a página nos adentramos en su mente y el agobio ante el peligro y la maldad se acrecenta de manera exponencial.
Con La carretera, de McCarthy, el miedo no está en personajes malvados o monstruos. El terror nos viene dado por un futuro sin esperanza. La oscuridad no trae el descanso a nuestros protagonistas y la tensión que sentimos nos mantiene sudorosos hasta la última página.
He dudado en incluir Solaris, del maestro de la ciencia ficción Lem, pero aparte de su corte futurista, la historia nos sobrecoge por su ambiente oscuro y pesimista.  Llegamos a sentir el miedo de su protagonista y esa sensación se acrecenta por la imposibilidad de escapar. Una novela en mayúsculas que hará las delicias de la fans del género.
American Psycho es la esencia de la maldad humana. Si sois capaces de aguantar largas listas de ropa y perfumes,  quizá podáis degustar el miedo en sus páginas.
Quedan tantas y tantas novelas para aparecer en nuestro blog…pero no quería terminar esta entrada sin dejar de recomendar algunas de ellas, por ejemplo, cualquiera de Stephen King. Si queréis algo más de terror gótico, vuestra elección está clara: Edgar Allan Poe.
Lovercraft también debería estar dentro de esta lista. Su listado de libros del género es tan amplia como el terror que sentiremos en sus páginas.
Esperamos encontréis vuestra próxima lectura y deseamos que sea cual sea vuestra elección, disfrutéis de nuestra pasión: los libros.

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Libros que nos ayudan a sobrevivir a nuestros muertos

Este fin de semana largo que se acerca es el momento del año en el que más presente tenemos a la muerte. Para muchos es un tema tan complicado que lo prefieren afrontar con desvíos, jugando con el miedo, los sustos, los caramelos y los monstruos varios. Los libros que se promueven para estos días son, de hecho, del género de terror. Bienvenidos a Hallowing, donde el miedo y la risa se alían.

No tengo nada en contra (ni a favor) de estas celebraciones. Sin embargo, para muchos de nosotros, este fin de semana no va de la muerte en abstracto, sino en concreto de nuestros muertos. No estoy reivindicando aquí las tradiciones al uso, de ir al cementerio y comer mazapán. Eso es lo de menos. Hablo de que es un fin de semana en el que la ausencia se hace más patente. Sobre todo, claro, para aquellos que tienen una pérdida reciente. En esta entrada os quiero hablar de libros que tratan la experiencia del duelo. Me he limitado a la pérdida de la pareja, los padres o un hijo, para no hacer eterna esta entrada, pero me encantaría que me dejarais más en los comentarios.

1. Comenzaré con la muerte de la pareja. Una de las más complejas, pues te pone la vida del revés. La persona con la que ibas a envejecer ya no está. En La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero afronta de manera magistral este duelo. Apoyada en la propia experiencia y en la biografía de Madam Curie, habla de la vida después del amor de tu vida. Un libro delicioso y muy recomendable. Otro gran libro, al que debo reseña, es por supuesto Cinco horas con Mario, de Delibes.

Otros libros que no he leído aún, pero que afrontan este tema son los siguientes: El año del pensamiento mágico, de Joan Didion; Di su nombre, de Francisco Goldman; Arboleda, de Esther Kinsky o De profundis, de Oscar Wilde.

2. Más frecuente es tener que afrontar la muerte de los padres. Con ella dejamos de ser hijos y nos convertimos en adultos plenos. En Las palabras que te guardan, Paloma Serrano consigue convertir el dolor en mensaje vitalista, verdadero homenaje a un padre que amaba la vida. Un tono mucho más triste tiene el relato de Ordesa, en el que Vilas no acaba de despegar de la sensación de pérdida.

Otros libros que yo no he leído aún son: Invención de la soledad, de Paul Auster; También esto pasará, de Milena Busquets; El mar, de John Banville; La ternura de las piedras, de Marion Fayolle; ¿Podemos hablar de algo más agradable? de Roz Chast; Salvaje, de Cheryl Strayed; Ha pasado un minuto y queda una vida, de Gabriela Consuegra; Mi libro enterrado, de Mauro Libertella o Canción de tumba, de Julián Herbert. Mención especial tiene Los días son oscuros: Perder es comenzar a vivir, de Dani Huertas, en la que se afronta a la vez la pérdida de la esposa y de la madre por parte de dos personajes (padre e hijo) que tienen que reprender a vivir.

3. No he leído nunca nada sobre la pérdida de un hijo. Desde que soy madre es un tema que me resulta intocable. No obstante dejo por aquí algunos interesantes: En La gente feliz, lee y toma café, de Agnès Martin-Lugand, una mujer debe afrontar la muerte de su pareja y de su hija al mismo tiempo. Dicen que es una lección de vida y de amor y quizá me atreva a empezar por aquí. Más difícil me resultaría leer Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnet, que afronta el suicidio de un hijo.

Otros libros que afrontan la muerte de un hijo son La hora violeta, de Sergio del Molino; Mortal y rosa, de Francisco Umbral o Noches azules, de Joan Didion. Una forma distinta de abordarlo es la de Alice Sebold, en Desde mi cielo, donde es la hija asesinada la que cuenta el duelo de los padres.

Este fin de semana largo que se acerca rendimos homenaje a los muertos que pueblan nuestra vida. Y lo hacemos leyendo.

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Las palabras que te guardan (Paloma Serrano Molinero)

Ayer fue el día de las escritoras y decidí comenzar el libro de Paloma Serrano que me acababa de llegar. Un rato de lectura tranquila como premio a un lunes de reuniones y trabajo que se había dilatado más allá del horario habitual. Lo que no esperaba es que las palabras de Paloma me engulleran del modo en el que lo hicieron, ni que, robándole horas al sueño, terminara el libro del tirón.

Las palabras que te guardan es una novela autobiográfica escrita en forma de carta al padre que acaba de fallecer. Está escrita de tal modo que uno acaba creyendo que todo lo que cuenta es exactamente lo que pasó, sin una sola intromisión de la ficción. Y es que si algo emana el libro de Paloma Serrano es verdad. Una verdad desnuda, ingenua a veces, descarnada otras, creible siempre. Leyendo esta novela, te conviertes sin notarlo en parte de la familia que describe. Eres una de las primas que le agarran la mano, o una de sus tías, preparando el colacao de la chiquillería. Te conviertes en uno de los personajes, porque la crees, porque en su prosa no hay ni pizca de afectación. Los diálogos fueron tal y como dice. Los puedes escuchar directamente de los personajes. Las bromas, las miradas, los olores. No puede haber ficción en sus palabras, porque solo ves realidad. La vida misma. Qué difícil es encontrar eso en un libro.

La autora consigue más cosas difíciles. Consigue crear un canto a la vida y a la felicidad hablando de la muerte de la persona más querida; consigue que te rías cuando aún conservas las lágrimas del párrafo anterior; consigue que vuelvas a desear viajar: que se te llene la boca de ceviche, que te inunden los olores de las afueras de Lima, la música cansina de sus radios siempre encendidas; que sientas la necesidad de viajar a Puerto Rico a recorrer los caminos en bicicleta; que encuentres algo de belleza en el hormigón duro y sombrío de Sao Paulo; y al mismo tiempo que pasa todo eso, consigue también que reconozcas, sobre todas las cosas, que adoras tu vida en España. El libro de Paloma es un canto a encontrar la felicidad allá donde estés.

Y a pesar de conseguir tantas cosas difíciles, a pesar de removerte por dentro y sacudirte para dejarte luego mejor de lo que eras, la sensación es que todo lo hace de forma fácil; que cualquiera podría sentarse a escribir una novela como esta; que lo ha hecho sin sufrir, sin pensar. Y eso es, verdaderamente, lo más difícil de todo. Retransmitir la vida, emocionar y que no se vea ni una sola costura.

Las palabras que te guardan es una primera novela que nos descubre a una excelente narradora que seguro que nos da muchas más alegrías. La seguiremos de cerca.

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La ridícula idea de no volver a verte

Apenas 15 días después de la inesperada muerte de Pierre, el 30 de abril de 1906, Marie Curie comienza a escribir un diario en forma de carta a su marido. Esta pequeña catarsis dura justo un año y probablemente le ayudó a no volverse loca, a encontrar las fuerzas para seguir viviendo, a cuidar de las niñas y a continuar con el trabajo de laboratorio.

En las breves páginas de ese pequeño diario epistolar, todos los que hemos pasado por la experiencia de una muerte inesperada nos reconocemos de algún modo. La incredulidad, el desamparo, la culpa, la disociación y, en definitiva, el caos de los primeros meses.

Un siglo largo después, Rosa Montero recibe de su editora este pequeño diario con el encargo de que lo prologue (o haga con él lo que quiera). Ella, en ese momento, estaba escribiendo una novela, pero las palabras descarnadas de Marie le obligan a dejarlo todo y embarcarse en la aventura de este pequeño ensayo. El dolor de la Nobel le hermana con ella, pues la pérdida de Pierre se parece a su propia pérdida de Pablo. Todas las muertes tienen algo de similar. Y sobre todo, todas las viudas que pierden a su compañero demasiado pronto, inesperadamente, se reconocen en la misma locura.

A partir de aquí surge el pequeño ensayo que he estado leyendo estos últimos días. En él se narra la biografía de una mujer excepcional, que disponía de unas cartas malísimas, pero supo jugarle una partida sublime a la vida. El coste de esta proeza fue altísimo, claro está y Rosa Montero nos lo cuenta detalladamente en este libro. Junto a ella conoceremos las luces y las sombras de una de las científicas más impresionantes de todos los tiempos.

Un ensayo escrito desde la sensibilidad del que conoce el infierno del dolor porque ha pasado por allí y quizá no haya salido del todo (¿acaso se puede?). La maestría de la pluma de Montero, de la que ya os he hablado otras veces, se pone al servicio de la asombrosa vida de una humilde mujer polaca que consiguió (casi) todo lo que se propuso a costa de su propia salud. Incluidos, como sabemos, sus dos premios Nobeles.