Publicado en Libros, Novela

Rabos de lagartija (Juan Marsé)

Un día como hoy, 8 de enero, de 1933 nacía Juan Marsé en Barcelona y me ha parecido un buen momento para hablar de él en el blog. Y ningún libro mejor que este, que comencé a leer el mismo día que Marsé dejaba este mundo, el 20 de julio de 2020. Su muerte me encontró confinada en mi habitación, recuperándome del virus del Covid. Ya estaba lo suficientemente bien para leer y decidí que era un buen homenaje pasar el tiempo leyéndolo.

No pude elegir mejor, pues Rabos de lagartija es una novela impactante. Desde el punto de vista de la técnica os diré que las frases interminables, que colonizan párrafos enteros sin que el lector se pierda, se combinan con diálogos realistas, en los que los personajes cobran vida. Cuando uno lee a Marsé sabe que está leyendo a uno de los grandes.

En cuanto al contenido, solo puedo decir que es un relato sin limites. La imaginación y la realidad, el sueño y la vigilia, el pasado, el presente y el futuro… todo se mezcla para dar paso, curiosamente, a un dibujo bastante realista de la vida de una familia «no afecta al régimen» de mediados del siglo pasado.

La tristeza, la frustración y la injusticia aparecen tamizadas con un barniz de ternura e imaginación. Una obra que experimenta con los límites de la ficción para mostrar como era la vida real de una parte de nuestra España durante la dictadura.

Publicado en Libros, Novela

Viaje a la Alcarria (Camilo José Cela)

Mi recomendación de hoy es un libro que nunca habría pensado que me pudiera hacer pasar un buen rato. Si soy sincera, no tenía ningún ingrediente, en principio, que me sedujera. Pero lo elegí en 2019 para cubrir uno de los puntos del reto de Libropatas (#Retopata2019) y me gustó mucho más de lo que había previsto.

Comencemos por el autor. La única lectura previa que tenía de él era La Colmena, de la que aún no hay reseña por aquí. La había leído muy joven, como lectura obligada de clase, y no me había gustado. A esto se unía la imagen que me llegaba de él, en aquel tiempo, por los medios de comunicación: un señor siempre malencarado, con pinta de otra época y con bastante mal gusto en general. Todo ello hizo que durante décadas huyera del Nobel. Después de leer este libro, sin embargo, tengo pendiente leer más de este autor.

Por otro lado estaba el propio género y es que yo no era lectora de libros de viajes. En realidad, tengo que confesar que este es el primero que logré terminar, aunque lo había intentado previamente con varios. Eso sí: una vez que leí este, conseguí abrirme y disfrutar de este tipo de libros. De hecho sigo teniendo unos cuantos en la lista de libros pendientes que antes o después caerán.

No solo era un libro de viajes, es que además, para acabar de disuadirme, el viaje era por el interior de la España de los años 40 del siglo XX. Nada que ver, por tanto, con viajes llenos de aventuras exóticas o detalles sorprendentes sobre poblaciones lejanas. Me temía yo que fuera a ser aburrido y que, a pesar de ser muy corto, me costaría acabarlo. Nada más lejos de la realidad. La lectura me duró dos tardes y la verdad es que disfruté del viaje. Es más. Me quedé con ganas de seguir leyendo sobre la España rural de mediados de siglo.

Si habéis llegado hasta aquí ya os habréis dado cuenta de que, para mí, este libro resultó ser un viaje iniciático como lectora. Me abrió el gusto a un nuevo género y la curiosidad por un autor y una época. No lo considero un imprescindible, pero sí que es una excursión agradable que me permitió crecer y superar prejuicios.

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Historia de España contada para escépticos (Juan Eslava Galán )

Reconozco que soy un seguidor casi incondicional de Eslava Galán y he leído y disfrutado muchas de sus obras de divulgación. Me gusta su tono y la manera divulgativa con la que dota a  sus libros. Además, bajo pseudonimo, también es autor de novelas históricas, lo cual ha terminado convirtiendo a este escritor en uno de mis preferidos.

Es cierto que contar la historia de este país en un libro no muy grande parece, a priori, más una broma que una decisión sensata. Pero Juan Eslava Galán no pretendia hacer un estudio pormenorizado de cada hecho o personaje que han danzando por estos lares. Este propósito requeriría volúmenes y volúmenes enciclopédicos y alejaría su valor divulgativo del gran público.


Esta es una obra sencilla, más ocupada de desmentir bulos o mitos que tenemos por reales, haciéndolo con un sentido del humor magnífico. Un humor que pretende despolitizar cualquier período. Porque lo que podemos extraer de sus páginas es la postura antagonista de dos Españas siempre enfrentadas. Aunque nos parezca que fue algo propio de la guerra civil, en realidad vivimos en un país en constante enfrentamiento, donde los intereses de unos y otros siempre quieren prevalecer, haciendo imposible una convivencia sin rencores o venganzas.

El libro está resuelto en capítulos cortos, con la intención de que no dar lugar a divagaciones académicas que alejen al lector del entretenimiento puro.


Desde luego habrá lectores que no estarán de acuerdo con ciertos hechos narrados, pero creo que es imposible, incluso para el historiador más formado, no tener su propia visión de la historia. Lo bueno que encontraremos en sus páginas es la mirada cínica hacia algunos personajes y hechos. Una postura inteligente ante el partidismo del que somos seña y bandera.

Imprescindible para cualquiera que desee acercarse a nuestra realidad, entendiendo de dónde venimos, lo que hemos sido y en lo que nos hemos convertido.

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El anarquista que se llamaba como yo (Pablo Martín Sánchez)

¿Qué harías si un día, al escribir tu nombre en Google, descubrieras que en el siglo XX hubo una persona que se llamaba igual que tú, con el mismo nombre y tus dos apellidos? ¿Y si la única referencia que encontraras fuera que fue un anarquista, capturado y condenado a muerte? Desde luego, si me hubiera ocurrido a mí, mi reacción habría sido la misma que la que tuvo Pablo Martín: seguir investigando para conocer más de su historia.

Lo que descubrió, tras una difícil investigación llena de callejones sin salida, mereció la pena. Y es que su tocayo había tenido una vida digna de ser novelada. Como si fuera fruto del destino, este libro aúna lo mejor de los dos Pablos: la historia épica que vivió el Pablo anarquista y el buen oficio del Pablo escritor. Porque la verdad es que este hombre escribe como los ángeles.

El personaje de Pablo es, desde luego, lo mejor del libro. Adoro a ese pequeño que no lloró al nacer y que no dijo una palabra hasta que nació su hermana y entonces, al mirarla, dijo «guapa» (no está mal como primera palabra); al niño que correteó una mañana por las calles de Madrid y se encontró de frente con la magia del cinematógrafo; al adolescente que recorrió a lomos de un burro la España profunda de principios de siglo; al joven enamorado, que es capaz de lo que sea por encontrar a su amada desaparecida; al soñador que no sabe decir que no a su destino; y, sobre todas las cosas, adoro al vampiro que murió dos veces o tal vez ninguna.

Pablo es lo mejor, sin duda, pero no es el único aliciente del libro. Porque a su lado conocemos de cerca la España de principios del siglo XX: la pobreza del país durante el reinado de Alfonso XIII, los movimientos anarquistas que intentaron terminar con su vida, la semana trágica de Barcelona y el golpe de estado de Primo de Rivera.

Viviremos este periodo desde la vida de un joven periodista que coquetea con el movimiento anarquista, más por las relaciones personales que mantiene que por fuertes convicciones políticas. Saldremos exiliados con él a Francia, donde nos encontraremos con la intelectualidad española más interesante. Oiremos hablar del movimiento anarquista argentino, conoceremos grupos naturalistas que conciben la existencia de otro modo y seremos testigos de uno de los peores intentos de rebelión jamás llevados a cabo.

Tengo que confesar que yo no suelo releer los libros que me gustan, pero este es una excepción. Lo he leído de principio a fin 3 veces y vuelvo de vez en cuando a releer pasajes. No me canso de él.

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Anatomía de un instante (Javier Cercas)

Acabo de terminar Anatomia de un instante, de Javier Cercas y puedo deciros que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro extenso.

Tengo que confesar que en 1981 mi vida se centraba en aprenderme de una vez las tablas de multiplicar, conseguir merendar más bocatas de chocolate que de embutido y dilatar las tardes en la plaza más allá de lo razonable. La vida política de mi país me era tan ajena como la de cualquier estado extranjero, pues yo vivía (afortunadamente) en la mejor de las fortalezas: la infancia.

Para los de mi generación, el 23 F no apareció nunca por los planes de estudio, tampoco. Demasiado jóvenes para haberlo vivido; demasiado viejos para haberlo estudiado como un episodio de historia. Y, a pesar de todo, el 23F era algo tan nuestro, tan conocido, que jamás se me ocurrió que necesitara investigar sobre ello. No tenía duda alguna de que se había tratado del golpe de unos locos nostálgicos que no podían soportar una democracia tan tranquila y exitosa como la que vivíamos en aquellos años de la abeja maya. Cualquier otra versión de los hechos era, para mí, parte de la cultura conspiranoica.

El libro de Cercas ha sido, por tanto, un torrente de información, que me ha hecho redescubrir el país de mi niñez. Resulta que la democracia no estaba entonces tan asentada como yo la recordaba. El 23 F tal vez fue el golpe de unos locos nostálgicos, pero se asentó sobre un hormiguero en el que todos, de un modo u otro, conspiraban contra Suárez.

Anatomía de un instante es un ensayo lleno de información sobre la España de principios de los 80. Cada capítulo se pone en la piel de un protagonista diferente y, de su mano, puedes entender a todos y cada uno de los personajes de entonces: los viejos afectos al régimen, los antifranquistas, los monárquicos, la iglesia, los periodistas o los banqueros. Es de agradecer también el análisis psicológico de los personajes con nombre propio: Armada, Tejero, Carrillo, Cortina, el General Gutiérrez Mellado y sobre todos ellos, Suárez, el héroe y el antihéroe de aquella época; el político capaz de lo mejor (darnos una democracia avanzada) y de lo peor (hacer que peligrara); el protagonista indiscutible de las más de 400 páginas de este ensayo.

Y es que Cercas nos ofrece una interesante reflexión sobre nuestra historia, con abundancia de datos y espíritu periodístico, pero por ello no deja de ser el novelista que ya conocíamos. Leemos Anatomía de un instante, por eso, con la misma emoción que si se tratara de una obra de ficción. La novela que él mismo confiesa que quiso escribir y no pudo.