Publicado en Libros, Novela

El mundo de Sofía (Jostein Gaarder)

Vivimos malos tiempos para la filosofía en particular y las letras en general. Parece claro que fomentar el pensamiento crítico no entra dentro de las intenciones de nuestros gobernantes y cada año que pasa se está arrinconando más cualquier intento de volver a un primer plano.
Los planes de estudio que se han aprobado en los últimos años no augura el mejor futuro para nuestros jóvenes.
Una lástima que no ocurra algo similar al boom literario que surgió en el norte de Europa a raíz de un profesor de filosofía y una novela, y que consiguió enganchar a toda una generación a Platón, Socrates, Descartes o Kant.
Contaba Gaarder que la idea del libro surgió cuando el mundo estaba inmerso en un cambio de paradigma político con la caída del muro de Berlín o la desaparición de la URSS. La juvetud empezó a cuestionarse sobre los valores que imperaban en la sociedad y de ahí surgieron movimientos culturales y sociales que buscaban una revolución en nuestro pensamiento. La idea del escritor fue envolver la historia de la filosofia y sus principales protagonistas bajo una novela con tintes de misterio.
El resultado fue espectacular, tanto por la maravillosa obra que surgió como por el impacto que tuvo en su momento. De hecho se convirtió en una de los libros más vendidos de la historia y, aún hoy día, se sigue reeditando.
La historia comienza cuando Sofía, una adolescente a punto de cumplir quince años, empieza a recibir unos mensajes en el buzón de su casa que son la invitación a un curso de filosofía y comienzan asi: ¿Quién eres? y ¿de dónde vienes?
Dos preguntas que todos deberíamos  hacernos más de una vez en la vida.
No conozco a nadie que se haya leído esta obra y le haya decepcionado, por algo será. Quizá el misterio de su éxito sea cuestionar las inquietudes que todos llevamos dentro. Una idea que los responsables de los planes de estudios deberían tomar en cuenta.
Porque desde luego necesitamos más Sofías en el mundo.

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El Ártico (José Luis López de Lizaga)

Ayer por la mañana, la Librería Antígona de Zaragoza organizó la presentación del libro de José Luis López de Lizaga, El Ártico. Viaje a Svalbard y Groenlandia en el verano de 2018.

Se celebró en el quiosco del Parque Castillo Palomar. Un lugar perfecto para una presentación en tiempos de pandemia: aire libre, distancia de seguridad y un sitio bonito (y con micrófono). No se puede pedir más. Nos dio la bienvenida Julia, la librera y  presentó y acompañó a José Luis nuestro compañero Juan Manuel Aragüés. Y allí estábamos nosotros, un sábado al mediodía, escuchando a dos filósofos de Unizar hablando de la experiencia de lo sublime y de la relación del ser humano con la naturaleza.

El libro de Lizaga tiene tres líneas principales: la primera es el relato de un viaje al Ártico que ocurrió de verdad en el verano de 2018. El autor se subió a un velero de 1924 y nos relata, con cariño y sentido del humor, las múltiples anécdotas que se producen en el barco. Para mí, lo mejor de esta parte son las fotos que acompañan al texto. Fotos que hizo el mismo José Luis y que son el complemento perfecto para entender la sensación que produce un contacto tan bestia con la naturaleza.

La segunda línea de este libro es el relato de otros viajes anteriores por esos mismos parajes. Porque el viaje en el velero es, en cierto modo, un viaje en el tiempo. El lector salta de un siglo a otro compartiendo espacio y naturaleza. Y es que allá, donde el tiempo se detiene, todos los intentos por parte del hombre de adentrarse en el Ártico confluyen en un mismo punto.

Y, por último, la tercera línea es, como apuntó también Juanma en su presentación, un viaje interior. El José Luis filósofo mantiene un diálogo constante con el José Luis viajero. Este último se encuentra sobrecogido por la grandeza de lo que le rodea y busca en sus lecturas alguna respuesta que le permita entender lo que siente. Por las páginas del libro se cuelan filósofos y pensadores que hacen de este pequeño ensayo algo más que un libro de viajes.

Si queréis saber mi opinión de lectora, yo me leí el libro de Lizaga en una sentada. Comencé a leerlo y no pude parar hasta que lo terminé. Y cuando llegué al final pensé: habla de lo sublime, de lo grandioso, de la naturaleza que nos desborda, pero es, en sí mismo, un ejemplo de lo que significa la belleza. Cielo santo, qué libro tan bello.