Publicado en Libros, Relatos

Las maquinarias de la alegría (Ray Bradbury)

Este mes de septiembre hemos leído este libro de relatos de Bradbury. Después de haber leído Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, no dudé, en ningún momento de que se trataba de un libro de ciencia ficción. Pronto nos dimos cuenta, sin embargo, de que es un libro que aúna relatos de todo tipo. La mayoría bastante imaginativos, es cierto, pero no todos de ciencia ficción y alguno incluso podría considerarse realista.

Durante estas semanas, como siempre, hemos compartido impresiones sobre la lectura en la Comunidad de El sitio de mi recreo de Twitter y me he pasado un par de veces por aquí para contarlo. Por si no lo habéis leído, os dejo por aquí los enlaces:

Y el pasado domingo, como todos los meses desde hace ya un año, nos reunimos virtualmente los miembros del club para comentar qué nos había parecido el libro. No hubo medias tintas. A muchos nos había gustado mucho, una vez superado el desconcierto inicial que producen los cuentos (o precisamente por ello); a otros no les había gustado nada, hasta el punto de que no habían podido acabarlo.

Dividimos los cuentos en tres grupos. El primero de ellos se caracterizaba por ser relatos de especial belleza, aunque no todo el mundo estaría de acuerdo con que <<bello>> fuera la palabra adecuada. Son cuentos redondos, muy visuales, con ritmo. No obstante, como algunos llevan cierta denuncia social y tocan temas complicados sin filtro, como la muerte o la soledad, es cierto que su belleza puede ser poco convencional.

El segundo grupo de cuentos son aquellos que nos dejaron pensando. En ocasiones, según una de nuestras compañeras, el modo en el que se plantean los temas es demasiado directo, con un toque de <<libro de autoayuda>> que no acaba de convencer. Otras veces es algo más sutil y profundo a la vez, permitiendo al lector que piense libremente sobre un determinado tema.

Por último, el tercer grupo lo engrosaban cuentos que no nos habían acabado de encajar. Hubo quien llegó a dudar de que realmente fueran del propio Brandbury, pues no tenían los ingredientes que solemos encontrar en sus creaciones.

Las dos horas del encuentro pasaron como siempre, entre risas, descubrimientos y momentos de reflexión. Estuvimos todos de acuerdo en que Bradbury es, ante todo, un espíritu creativo, que juega con nosotros, que esconde un gran sentido del humor y que no se le puede interpretar demasiado en serio ni demasiado literalmente. Para poder disfrutarlo tienes que partir de ahí y, simplemente, dejarte llevar.