Publicado en Libros, Novela

El señor de los Anillos (J. R. R. Tolkien)

Ha llegado el día. Llevaba postergando este momento, quizá,  desde el mismo instante que el blog se puso en marcha. Es el miedo, no tanto a decir algo que no guste, como a escribir algo que no esté a la altura de la obra. Y  no me malinterpreteis, ni en mil años de constante práctica, mis palabras llegarian a acercarse al que es uno de los grandes.
Pero en cada entrada que he publicado, aunque fuera por un instante, El Señor de los Anillos ha estado presente.
He leido la trilogía tres veces, y si no fuera por todos los libros que tengo esperando, caeria alguna vez más.
Y eso que, cuando lo leí por primera vez, llegué solo al final de La comunidad del anillo, su primera parte. Recuerdo el esfuerzo que me costaba sus poemas y canciones, así como sus constantes inserciones del lenguaje élfico. Terminé con la escena de la desaparición de Frodo y Sam y me prometí no seguir. Tenía once años. Con dieciocho, la historia cambió. De repente, esa Tierra Media cobraba sentido. Sus personajes, en el pasado barrocos, se convirtieron en compañeros de emociones y aventuras. Y la historia, lenta en el pasado, me envolvió rápidamente, de tal manera que no podía dejar de leer. Fue la primera vez que fuí al instituto sin dormir porque no era capaz de dejar el libro en la mesilla.
La tercera ocurrió con el estreno de su versión cinematografía moderna (recordar que existe una adaptación de finales de los años 70). Con un mundo donde Internet comenzaba a cambiar nuestro mundo, la información se globalizó y descubrimos mucho más sobre el universo del anillo único y Tolkien. Conocimientos que estaban solo al alcance de expertos, fueron llegando a las masas que ansiabamos conocer todo sobre un autor que había creado un mundo nuevo. Y con esos nuevos conocimientos, la historia de El señor de los Anillos se enriqueció aún más. Descubrimos el reflejo de los años de la segunda guerra mundial proyectado sobre la Tierra Media. Descubrimos la trascendencia de sus palabras y acciones. Pero por encima de todo, descubrimos que, Aragorn, Gandalf, Frodo y el largo etcétera de personajes, son inmortales.
Sus andanzas, dichas y tragedias son las mismas que rigen y seguirán ocurriendo en nuestro mundo, un mundo oscuro en ocasiones pero que siempre consigue brillar en los momentos más oscuros.
Llegará el momento de una cuarta lectura, no me cabe ninguna duda.