Publicado en Libros, Relatos

Cuentos (Augusto Monterroso)

Un libro diminuto, lleno de cuentos minúsculos nos ha mantenido ocupados a los miembros del club un mes entero y la reunión de ayer, que volvió a durar más de dos horas, podría haberse extendido hasta bien entrada la noche. Y es que Monterroso provoca más que escribe y hace cierto el dicho de que un libro lo comienza el escritor y lo culmina el lector.

En entradas anteriores os fui dando cuenta de lo mucho que me estaba gustando este autor. Si os lo perdisteis, os dejo por aquí el comentario de las dos primeras semanas:

https://elsitiodemirecreozaragoza.wordpress.com/2022/06/08/primera-semana-leyendo-a-monterroso/

https://elsitiodemirecreozaragoza.wordpress.com/2022/06/15/segunda-semana-de-lectura-de-monterroso/

El propósito de la entrada de hoy es hablaros del encuentro que tuvimos ayer en el club de lectura. Nos reunimos 12 personas y 8 de ellas le dimos más de un 4 sobre 5. Estábamos totalmente entregados a la pluma de Monterroso y, sobre todo, a su acidez y su clarividencia. Los otros 4 no acabaron de conectar con él. Reconocían que escribe muy bien, pero no les llegó. Una vez más demostramos la diversidad tan grande que hay en el grupo. Como sabéis, lejos de ser un problema es una fuente constante de riqueza. Hay tantos puntos de vista como componentes del club y escucharlos todos, con cariño, con respeto, con humor, nos hace crecer como personas y como grupo. Intentaré resumir las ideas principales que salieron anoche.

Desde un punto de vista formal, el lector que se acerque a Monterroso se va a encontrar a un autor que está experimentando. Con un estilo expresionista, trata de innovar, superando los géneros existentes y jugando constantemente con el lector. Las lecturas son múltiples, hasta el punto de que nunca estás completamente segura de lo que te está contando. La ironía y la metáfora son dos herramientas que maneja con soltura y que convierten al relato en un verdadero juego de sombras.

De lo que más habla Monterroso en sus cuentos es de la naturaleza humana y sus relaciones. Con la precisión de un cirujano va poniendo sobre la mesa de operaciones todos los defectos que intentamos disimular: nuestros miedos, celos, pereza, rencor… tal vez sea un pesimista a quien no le gusta la gente, tal vez sea simplemente una persona realista que nos ve tal y como somos. Sea como fuere, nos desnuda y nos obliga a enfrentarnos al espejo. Nos enfrenta a nuestras relaciones (tóxicas o simplemente incómodas) e incluso a nuestros intentos de autosaboteo. Porque a veces nuestros peores enemigos somos nosotros mismos.

Estamos ante la pluma de un librepensador. Critica sin piedad la lógica del capitalismo, que nos lleva a consumir sin necesidad, creyendo en la posibilidad de un crecimiento perpetuo. Critica así mismo a las clases altas, que necesitan para sobrevivir a las clases menos favorecidas, pero sin embargo las desprecian. También critica las deficiencias de un estado lento, burocrático, que lejos de solucionar la vida de la gente, se la complica. Un estado lleno de nepotismo y enchufismo que solo se preocupa por salvarse a sí mismo. La crítica ácida de Monterroso no tiene límites y se concentra también en los intelectuales, los artistas, los escritores. Por supuesto, también se crítica a sí mismo.

Un librepensador que conoce lo difícil que resulta en este mundo decir la verdad y de ello habla constantemente en sus cuentos. No nos extraña esta obsesión. No en vano vivió en sus propias carnes lo que significa un estado dictatorial. Pasó por la cárcel y por el exilio. Para alguien con una biografía como la suya, decir la verdad, diseccionar la realidad con clarividencia es una necesidad y un acto de libertad.

No sabemos si la escritura para Monterroso tenía un valor terapéutico, pero todos envidiamos en cierta medida su capacidad de ver la realidad con semejante claridad y su valentía de ponerlo negro sobre blanco. Nosotros no somos capaces de escribir así pero afortunadamente tenemos la posibilidad de leerlo y recrearlo. Sin duda, es un texto para releer y asimilar poquito a poco.

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