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Feliz cumpleaños, Dylan.

Es curioso cómo alguien a quien el gran público no conoce con su verdadero nombre, Robert Allen Zimmerman, sea el gran musico del siglo XX. Su influencia en casi todos los grandes artistas es la más grande que jamás se haya conocido y, sin embargo, nunca encajó en ningún estilo. Premiado con el Nobel de literatura en 2016, su único libro fue un fracaso de crítica y comercial. Daba igual. Su trascendencia es eterna.
Hoy celebramos su cumpleaños, la fecha que vió nacer a un hombre que cambiaría la vida de millones. Cuando en 1996 se empezó a especular con la candidatura para el Nobel fueron legiones los que pensamos que era un reconocimiento legítimo a una carrera jalonada de versos que nos acompañarán siempre.
La lista de éxitos, de esas canciones que son himno, es interminable. Sus aportaciones al folk, al rock, al pop, lo sitúan en la cima. Bruce Springsteen dijo que si Elvis Presley te hacía abrir el cuerpo, Bob Dylan hacia que se abriera tu mente.
También ha sido galardonado con un premio Pulitzer y el Premio Príncipe de Asturias. Y lo hizo por ser el gran juglar, el nuevo trovador de una generación llamada a cambiar el mundo. Sus canciones son el reflejo del gran cambio que se intentó en los años 60 y 70. Estuvieron a punto de lograrlo, y aunque el sueño de un mundo en paz, sin pobreza ni discriminación no se ha conseguido, sus canciones siguen abanderando movimientos e iniciativas que persiguen el sueño de un mundo justo.
Pregunte a quién pregunte conoce algún tema de Bob Dylan, y eso es mucho más grande de lo que nos pudiera parecer.
Escritores y compositores se han declarado influidos por el gran trovador americano. Sus letras se estudian en muchas universidades y la mejor canción de la historia ( nunca he oido a nadie que se oponga) es suya.
Me imagino que dentro de muchos años seremos conscientes de la verdadera dimensión de este músico. Hoy le cantaremos el cumpleaños feliz y en mi Spotify sonará una y otra vez.