Publicado en Ensayo, Libros

Mensajes de un mundo olvidado (Stefan Zweig)

La pasada Semana Santa me traje de la librería Cámara, en Bilbao, este pequeño libro de Zweig, una recopilación de artículos escritos de 1914 a 1941. Una pequeña joya a la que volveré, estoy segura, de forma regular a partir de ahora.

A los que me preguntan cómo puedo estar tan segura de que Zweig es mi autor favorito normalmente les hablo de lo bien que escribe, de su sensibilidad y su capacidad de abrirnos una ventana directa al alma de sus personajes, de su vasta cultura y su conocimiento profundo de la historia o de su capacidad para apasionarnos y mantenernos pegados a las páginas de sus libros durante horas. Sin embargo, tal vez por encima de todas estas brillantes cualidades, está la más importante de todas, de la que nunca hablo: Zweig comparte conmigo una visión del mundo, una jerarquía de valores, una ética y una filosofía de vida. En él he encontrado un amigo que sabe poner en palabras mucho mejor que yo lo que siento, lo que quiero y lo que pienso.

Este pequeño recopilatorio de ensayos me ha hecho especialmente consciente de esta íntima conexión que existe entre el pensamiento de este autor y el mío. A lo largo de sus páginas encontramos una defensa acérrima a la ciencia, al intelecto, a la idea de Europa como lugar de encuentro, al arte, a la historia, al disfrute de la vida. Zweig desconfía tanto como yo del sentimiento nacionalista, del patriotismo belicoso, que necesita siempre sangre y enemigos, del dios que enfrenta y divide a las personas, del ansia de victoria que llevará a Europa, una y otra vez, a la guerra y a la destrucción.

Cuánta falta nos hace leer a Zweig en estos días aciagos de principios del siglo XXI. Hoy, como en 1914, pensábamos que la guerra en Europa ya no era posible y sin embargo aquí estamos, observando, incrédulos, un nuevo auge de los nacionalismos más rancios. En el mundo en el que me crié, parecía que todos compartiamos que el progreso y el futuro venían irremediablemente unidos a la ciencia, a la apertura a los otros y al triunfo de los derechos humanos. Lamentablemente, el mundo en el que habito como mujer de mediana edad es muy distinto y cada día vemos cómo perdemos terreno ante los prejuicios contra el diferente y ante la desconfianza, vieja conocida, a los intelectuales y el conocimiento.

En estos momentos difíciles, Zweig es un amigo que nos ayuda a expresar con clarividencia lo que muchos intuimos. Cuidado con esos brotes bélicos nacionalistas. Cuidado con la desconfianza hacia el intelecto y hacia los proyectos progresistas de defensa de los derechos humanos. Cuidado con esta vuelta a los bajos instintos. Ya hemos caminado por ahí y ¡no lo olvidemos! juramos no volver a hacerlo.