Publicado en Libros, Novela

Las gratitudes (Delphine de Vigan)

Lo recibí como regalo de cumpleaños y lo propuse como posible lectura del club para marzo en la categoría de Novedad editorial. Como sabéis los que nos seguís por aquí, en la encuesta ganó Últimos días en Berlin y lo estamos disfrutando mucho, pero yo os animo a todos a que leais sin demora esta pequeña novela. Es, quizá, el mejor libro que he leído últimamente y la verdad es que he leído libros muy buenos.

La lectura me duró un par de horas. La edición es fantástica, con letra grande y amplios márgenes, que te permiten leer con comodidad. 120 minutos de ternura, belleza, risas y llanto. Una montaña rusa de emociones entre las que destaca, por encima de todas, la sensacion de agradecimiento. Gracias, De Vigan, por compartir con nosotros este bello canto a la empatía, a la sinceridad y al amor. Salí de sus páginas con la certeza de haber realizado un importante viaje al interior de mí misma.

La novela se desarrolla a través de tres personajes. La protagonista absoluta es Michka, una anciana que sufre anomia y al tiempo que pierde las palabras que nombran su mundo (exterior e interior) pierde su autonomía y en cierta medida su personalidad, su vida, su ser en el mundo. Curiosamente, es la única que no narra la historia en ningún momento, pero los diálogos directos con ella son tan numerosos que en cierto modo también la escuchamos de primera mano. Está perdiendo a pasos agigantados su acceso al léxico, pero qué bien entiende a su interlocutor y qué clarividencia tiene para expresar lo que ocurre. Es un personaje maravilloso que se ha quedado en mi vida para siempre.

Junto a Michka están dos personajes que se alternan en la novela (a capítulo cada uno, más o menos) para contarnos lo que ocurre: Marie y Jérôme. Ambos cuidan a la anciana; ella la visita los fines de semana. Se acerca a su residencia y trata de acompañarla en este trance que está viviendo. Es su forma de agradecerle todo el amor recibido por ella de niña. Para Marie, Michka es como una madre y, al tiempo que la cuida y la acompaña, busca en ella la compañia y el consejo. Y es que los padres, por muy ancianos que sean y por muchos problemas que tengan, no dejan de ser el faro con el que iluminamos el camino. El día que el faro se apaga, la soledad es total.

En cuanto a él, se relaciona con la anciana dos veces por semana. Es su logopeda y como tal, trata de ralentizar todo lo posible el silencio al que va encaminada. Pero la relacion entre ambos pronto excede con mucho el ámbito estrictamente profesional. Michka descubre los miedos y las ausencias de Jérôme con tanta lucidez como él ha visto las suyas. Y entre estos dos seres excepcionales va creciendo una amistad redentora.

Se trata, pues, de un libro de personajes que nos habla de cómo la relación con las personas nos permite reconocernos en el otro, nos da la oportunidad de sentirnos acompañados y útiles al mismo tiempo y nos devuelve así la dignidad que a veces el mundo, la enfermedad y la soledad tratan de arrebatarnos.

Un libro para releer de vez en cuando y para anclar en la memoria. Una medicina para el alma.

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