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La función que sale mal (Zenón Recalde)

La vuelta a la normalidad ya está comenzando, y espero que este segundo intento sea el de verdad. Visitar el teatro y disfrutar de una obra como la de ayer me hace inmensamente feliz, siento que la vida me susurre al oído que falta poco para volver a esa normalidad que todos añoramos.
Mamen y yo nos regalamos un respiro después de una semana intensa de viajes y reuniones y elegimos esta obra de actores desconocidos pero que lleva triunfando mundialmente desde hace una década.
No defraudó las expectativas y me proporcionó casi dos horas de carcajadas y lágrimas. Con una escenografía aparentemente sencilla, la obra podría ser un clásico de mitad del siglo XX, donde el escenario se convierte en un gran tablero de Cluedo. Por lo menos a primera vista.

Lo que realmente encontramos es una disparatada coreografía, de un ritmo trepidante y con un trabajo increíble por parte de los actores. Porque no soy experto en arte dramático, pero actuar mal a posta debe ser muy complicado y el buen hacer de cada uno de los actores que pasaron por el escenario hizo que su «origen amateur» resultara convincente.
Tiene que haber detrás horas interminables de ensayos y correcciones para conseguir durante la función ese tono humorístico mezclado, perfectamente, con un guión que persigue el misterio, y todo atado por interacciones con el escenario más propias de malabaristas y acróbatas.
Lamento caer en la cuenta que hoy es el último día en Zaragoza porque estoy convencido que cosecharia elogios unánimes de todos los lectores. Por eso, si os surge la posibilidad de verlo en otra ciudad o país ni lo dudéis.
Merece la pena. La sonrisa que os provocará durará muchísimo tiempo.