Publicado en Libros, Novela

Muerte entre líneas (Donna Leon)

En una serie de 29 novelas sobre el mismo personaje y la misma ciudad es normal que haya libros mejores o peores. O mejor dicho, es normal que algunos sean mejor acogidos que otros. Porque tengo que ser sincero a la hora de hacer esta reseña y decir que mis gustos no suelen estar basados en una calidad cuantificable, sino más bien en una suma de momentos agradables y felices en su lectura. No soy, ni de lejos, experto en literatura, ni tan siquiera podría definirme como amateur. Tan solo me mueve esas sensaciones placenteras que un buen libro provoca.
Sirva esta introducción para todas las reseñas que he realizado en el blog, y las que vendrán: son escritas bajo el paraguas endeble de esas sensaciones.
Y cuando he terminado hace unas pocas horas Muerte entre líneas, de mi adorado comisario Brunnetti, he de decir que ha sido la que menos momentos de felicidad me ha proporcionado.
Estaba todo lo que constituye las señas de identidad con las que Donna Leon ha construido ese pequeño universo veneciano tan ajeno a la ciudad turística: descripciones alejadas de la mirada del turista, un gusto por la gastronomía sencilla pero deliciosa, personajes planos (en apariencia) que nunca parecen esconder la mente de un delincuente y una dinámica de investigación que se sostiene por la labor sorda de los protagonistas.
Nunca hay en sus novelas giros inesperados o revelaciones que cambian repentinamente el sentido de la investigación.
¿Qué me ha faltado para considerar a esta novela a la misma altura que las demás?
Emoción. Es simple.
Desde que empecé la historia me sentía que podía haber sido una crónica periodistica, donde se enumeran los hechos y van pasando páginas que no aportan mucho hasta ese desenlace tan esperado. No hubo nada que me intrigara, no encontré nada interesante que me hiciera tener curiosidad por nadie.
Es una pena, pero también he de admitir que mantener ese nivel tan alto que durante tantas entregas han tenido las novelas de la serie es más que difícil.
Y este regusto amargo seguro se me pasa con la siguiente entrega. Estoy convecido.