Publicado en Libros, Novela gráfica

The Spirit (Will Eisner)

Mi amor (amor, sí, no exagero), por los cómics tuvo su origen en mi infancia y juventud y tuvo un peso decisivo en mi afición por la lectura. Tengo recuerdos muy frescos de tardes de verano, sin darme cuenta del calor que hacía, leyendo uno tras otro a mis héroes favoritos. Podía pasar de vivir una aventura con Astérix y Obelix a viajar con Tintín en sus vueltas al mundo. Por supuesto también me acompañaron el Capitán Trueno, o Mortadelo y Filemón… Y tantos otros que llenaron mi imaginación de aventuras, risas y mucha acción.
Este camino de mi infancia y adolescencia me preparó para lo que me iba a golpear de una forma tan brutal: The Spirit. No estoy exagerando, tal vez incluso me quede corto en mi admiración cuando descubrí esas pequeñas historias de siete páginas, algunas a color, otras en un blanco y negro sobrecogedor, que narraban las aventuras de un detective muy especial.
Para empezar, Denny Colt, que así se llama nuestro héroe, está muerto, pero poco tiene que ver con un fantasma. Siempre iba acompañado por un pequeño ayudante que más que soluciones le proporcionaba dolores de cabeza. Su éxito entre las mujeres nunca llegaba a buen puerto y su final más lógico era acabar atado y en serios apuros. Además tenía tal retahíla de enemigos que posiblemente sea el hombre más amenazado de la historia. ¡Y aún tenía tiempo para sonreír y ser educado!
Pero The Spirit no era solo una serie de historias de suspense o misterio. Will Eisner se ocupó de que en sus páginas tuvieran sitio la denuncia social o también pequeños relatos donde la vida cotidiana era la protagonista. De ahí surgió Contrato con Dios, la primera novela gráfica de la historia y una de las más importantes.
Si por algo creó vanguardia Eisner fue por la excelsa primera página que nos presentaba la historia. En cada una de ellas hay pequeñas obras maestras de la composición y de los juegos de blanco y negro.
Además, ha sido el mejor en sacar el máximo partido a los pequeños textos que adornan las viñetas de sus historias, con unos argumentos más propios de una novela que de su pequeño formato. Y, sobre todo, me sigue admirando su profundo análisis de la condición humana. Parece increíble que en tan pocas páginas haya personajes tan complejos y complicados. Claro que hacía «trampas», pues era capaz de plasmar con sus dibujos todo el abanico humano de los sentimientos. Tengo en mi memoria ciertas viñetas donde dibujó perfectamente como un rostro afable se convertía progresivamente en la personificación de la locura. No le hacía falta composiciones complicadas, de hecho sus fondos son difusos, casi negros, pero su maestría con los pinceles era inigualable.
Tengo debilidad por The Spirit, pero quien se acerque a él comprenderá porqué.

Autor:

Lector compulsivo, aprendiz de todo, curioso de la vida y niño grande.

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