Publicado en Libros, Novela

Ojos azules (Toni Morrison)

Acabo de terminar esta novela de la premio Nobel Toni Morrison y estoy bastante revuelta por dentro. No sé cómo saldrá esta reseña porque no es fácil pasar a palabras cómo me siento.

Podría empezar diciendo que Ojos azules no es una novela para todos los públicos o, mejor dicho, no es para todos los momentos. Se requiere de cierta preparación para poder disfrutarla, porque es una novela muy exigente con el lector. Y esto en dos sentidos fundamentales.

En primer lugar, se trata de la técnica narrativa. El texto está fragmentado de tal modo que tienes que estar muy atenta para saber quién habla, sobre quién, cuándo y dónde. Esta fragmentación, que te obliga a leer la novela en reposo y con todos tus sentidos en ella, es una de las maravillosas fortalezas de esta narración. Porque leyéndola entiendes de alguna manera a todos los personajes. Todos tienen un por qué, una historia que les ha llevado a ser quien son, a hacer lo que hacen. No he podido empatizar con todos. La verdad es que he podido empatizar con pocos. Pero a todos los entiendes, de algún modo.

En segundo lugar, claro, es por el contenido. Estamos ante una novela cuyo tema principal es la violencia. La de los fuertes contra los débiles y la de los débiles contra los que son más débiles aún que ellos. Violencia de género, violencia doméstica, violencia racial, violencia hacia la infancia. Violencia en el colegio, en la casa, en el trabajo, en la calle. Violencia simbólica y física. Violencia directa y vicaria. Y, sin embargo, el modo en el que Toni Morrison la afronta no es nada agresivo. El lenguaje que utiliza es tan bello (una vez más me encontré releyendo frases que me parecían perfectas), las metáforas son tan tiernas, el punto de vista es a veces tan ingenuo, que toda esa violencia se te queda agarrada por dentro y no permite (como ocurre en algunas películas o series) que te inmunices contra ella. Estás constantemente desnuda ante el dolor. Y para eso hay que estar preparado.

Ojos azules es una novela excepcional. Un 5 de 5. Respiro hondo y soy consciente de lo bien que está empezando el año.

Publicado en Libros, Novela gráfica

The Spirit (Will Eisner)

Mi amor (amor, sí, no exagero), por los cómics tuvo su origen en mi infancia y juventud y tuvo un peso decisivo en mi afición por la lectura. Tengo recuerdos muy frescos de tardes de verano, sin darme cuenta del calor que hacía, leyendo uno tras otro a mis héroes favoritos. Podía pasar de vivir una aventura con Astérix y Obelix a viajar con Tintín en sus vueltas al mundo. Por supuesto también me acompañaron el Capitán Trueno, o Mortadelo y Filemón… Y tantos otros que llenaron mi imaginación de aventuras, risas y mucha acción.
Este camino de mi infancia y adolescencia me preparó para lo que me iba a golpear de una forma tan brutal: The Spirit. No estoy exagerando, tal vez incluso me quede corto en mi admiración cuando descubrí esas pequeñas historias de siete páginas, algunas a color, otras en un blanco y negro sobrecogedor, que narraban las aventuras de un detective muy especial.
Para empezar, Denny Colt, que así se llama nuestro héroe, está muerto, pero poco tiene que ver con un fantasma. Siempre iba acompañado por un pequeño ayudante que más que soluciones le proporcionaba dolores de cabeza. Su éxito entre las mujeres nunca llegaba a buen puerto y su final más lógico era acabar atado y en serios apuros. Además tenía tal retahíla de enemigos que posiblemente sea el hombre más amenazado de la historia. ¡Y aún tenía tiempo para sonreír y ser educado!
Pero The Spirit no era solo una serie de historias de suspense o misterio. Will Eisner se ocupó de que en sus páginas tuvieran sitio la denuncia social o también pequeños relatos donde la vida cotidiana era la protagonista. De ahí surgió Contrato con Dios, la primera novela gráfica de la historia y una de las más importantes.
Si por algo creó vanguardia Eisner fue por la excelsa primera página que nos presentaba la historia. En cada una de ellas hay pequeñas obras maestras de la composición y de los juegos de blanco y negro.
Además, ha sido el mejor en sacar el máximo partido a los pequeños textos que adornan las viñetas de sus historias, con unos argumentos más propios de una novela que de su pequeño formato. Y, sobre todo, me sigue admirando su profundo análisis de la condición humana. Parece increíble que en tan pocas páginas haya personajes tan complejos y complicados. Claro que hacía «trampas», pues era capaz de plasmar con sus dibujos todo el abanico humano de los sentimientos. Tengo en mi memoria ciertas viñetas donde dibujó perfectamente como un rostro afable se convertía progresivamente en la personificación de la locura. No le hacía falta composiciones complicadas, de hecho sus fondos son difusos, casi negros, pero su maestría con los pinceles era inigualable.
Tengo debilidad por The Spirit, pero quien se acerque a él comprenderá porqué.