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Loco por incordiar (Rosendo)

A estas alturas de la vida no voy a descubrir al maestro del rock español. Es cierto que no ha sido el primero, sin ir más lejos por este blog ha pasado Miguel Ríos, que tiene carretera y arte para dar y regalar. Tampoco ha sido el más fino estilista ni el más académico en sus formas. Pero Rosendo ha sido uno de los que más han llegado al público, sino el qué más.
Su secreto ha sido cantar a una generación que sentía como propias las letras de sus canciones. Su éxito ha estado marcado por la devoción de miles y miles de fieles que han coreado sus temas como quien recita una oración.
Y no lo tuvo fácil para despegarse de Leño, el grupo que le ha acompañado desde siempre. Como una paradoja del destino, el grupo que le encumbró estuvo a punto de hacer imposible su carrera como solista; ninguna discográfica le ofrecía un hueco a él y sus temas en solitario. Estaba muy fresca la corta pero intensa trayectoria de una formación que puso el rock, el rock más duro, en primera línea del panorama musical. Pero a Rosendo no hay quien le haga retroceder y con paciencia y tocando muchas puertas, consiguió publicar un álbum mítico.
Con solo nueve canciones, dejó una huella eterna en todo aquel que las escuchó. Muchas de ellas seguian siendo coreadas por sus fans en los últimos conciertos que dió antes de retirarse.
¿Quién no ha cantado Agradecido hasta la extenuación? Sus rift de guitarra y su estribillo nos sobrevivirán, seguro.
Tampoco podemos olvidar Pan de Higo, una declaración de intenciones en toda regla.
El resto de temas no desmerece en absoluto a las dos anteriores, pero tengo debilidad por ellas y siempre las pongo por encima de las demás. Algo muy subjetivo, lo sé.
Pero quien se acerque a este álbum no encontrará un disco con dos temas. En absoluto. Lo que hallará será una de las joyas de la corona del rock en España. Su impacto ha sido muchas veces refrendado por otros ilustres como Extremoduro, Loquillo, Barón Rojo, etc…
Un disco que nos ayuda a entender una forma de sentir la vida muy alejada de las estrellas de hoy. Rosendo, el gran Rosendo, solo necesitó su guitarra y la calle para ofrecer lo que necesitábamos: un ritmo sin tregua y unas letras del pueblo. Y nadie, aún, le ha superado.
Larga vida a Carabanchel.