Publicado en Libros, Novela

El silencio de los corderos (Thomas Harris)

Vale, lo admito. Me he dejado llevar por la moda de Halloween. Soy débil y la presión mucha…
Así que pensando pensando he recordado uno de los libros con los que he pasado más miedo en mi vida. Y si, también admito que no me gusta sentir terror y en toda circunstancia evito cualquier situación donde pueda sentir escalofríos, sudores fríos, nervios y/o noches en vela. Pero al igual que hoy, cuando esta novela cayó en mis manos la empecé por la fama que arrastraba su adaptación cinematográfica mas que por los deseos propios de pasar un mal rato. La contraportada sugería que era una novela de misterio con tintes psicológicos. Hasta ahí todo bien. El problema fue descubrir a uno de los personajes más carismáticos y oscuros de la literatura moderna, el Doctor Hannibal Lecter. Porque el libro engancha por él. La persecución de otro asesino en serie es la excusa para situar en el centro de la trama a este psiquiatra tan inteligente como despiadado. Sus diálogos con la otra protanista, Clarice Starling, nos remueven del asiento. 
Recuerdo una sensación muy curiosa y aterradora: leer este libro y sentirme observado. Thomas Harris consiguió que su lectura fuera adictiva pero particularmente tensa y abrumadora. No podía dejar de sentir los ojos de Lecter en mí cada vez que desataba sus diálogos tan potentes con Clarice. Por supuesto, como en toda novela de asesinos en serie que se precie, hay lugar para páginas y páginas dedicadas a describir con precisión todas las barbaridades posibles que son capaces de ejecutar unos asesinos tan terribles como los que ocupan este libro. Me imagino que a los amantes de la casquería estos pasajes fueron sus favoritos. Pero en mi caso, lo confieso, tuve que saltarme varios de ellos.
Me quedo con unos diálogos brillantes, un juego de inteligencias fantástico y con la firme convicción de no volver nunca a leer al doctor más sanguinario de la literatura contemporánea. 
Palabra.

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Libros que nos ayudan a sobrevivir a nuestros muertos

Este fin de semana largo que se acerca es el momento del año en el que más presente tenemos a la muerte. Para muchos es un tema tan complicado que lo prefieren afrontar con desvíos, jugando con el miedo, los sustos, los caramelos y los monstruos varios. Los libros que se promueven para estos días son, de hecho, del género de terror. Bienvenidos a Hallowing, donde el miedo y la risa se alían.

No tengo nada en contra (ni a favor) de estas celebraciones. Sin embargo, para muchos de nosotros, este fin de semana no va de la muerte en abstracto, sino en concreto de nuestros muertos. No estoy reivindicando aquí las tradiciones al uso, de ir al cementerio y comer mazapán. Eso es lo de menos. Hablo de que es un fin de semana en el que la ausencia se hace más patente. Sobre todo, claro, para aquellos que tienen una pérdida reciente. En esta entrada os quiero hablar de libros que tratan la experiencia del duelo. Me he limitado a la pérdida de la pareja, los padres o un hijo, para no hacer eterna esta entrada, pero me encantaría que me dejarais más en los comentarios.

1. Comenzaré con la muerte de la pareja. Una de las más complejas, pues te pone la vida del revés. La persona con la que ibas a envejecer ya no está. En La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero afronta de manera magistral este duelo. Apoyada en la propia experiencia y en la biografía de Madam Curie, habla de la vida después del amor de tu vida. Un libro delicioso y muy recomendable. Otro gran libro, al que debo reseña, es por supuesto Cinco horas con Mario, de Delibes.

Otros libros que no he leído aún, pero que afrontan este tema son los siguientes: El año del pensamiento mágico, de Joan Didion; Di su nombre, de Francisco Goldman; Arboleda, de Esther Kinsky o De profundis, de Oscar Wilde.

2. Más frecuente es tener que afrontar la muerte de los padres. Con ella dejamos de ser hijos y nos convertimos en adultos plenos. En Las palabras que te guardan, Paloma Serrano consigue convertir el dolor en mensaje vitalista, verdadero homenaje a un padre que amaba la vida. Un tono mucho más triste tiene el relato de Ordesa, en el que Vilas no acaba de despegar de la sensación de pérdida.

Otros libros que yo no he leído aún son: Invención de la soledad, de Paul Auster; También esto pasará, de Milena Busquets; El mar, de John Banville; La ternura de las piedras, de Marion Fayolle; ¿Podemos hablar de algo más agradable? de Roz Chast; Salvaje, de Cheryl Strayed; Ha pasado un minuto y queda una vida, de Gabriela Consuegra; Mi libro enterrado, de Mauro Libertella o Canción de tumba, de Julián Herbert. Mención especial tiene Los días son oscuros: Perder es comenzar a vivir, de Dani Huertas, en la que se afronta a la vez la pérdida de la esposa y de la madre por parte de dos personajes (padre e hijo) que tienen que reprender a vivir.

3. No he leído nunca nada sobre la pérdida de un hijo. Desde que soy madre es un tema que me resulta intocable. No obstante dejo por aquí algunos interesantes: En La gente feliz, lee y toma café, de Agnès Martin-Lugand, una mujer debe afrontar la muerte de su pareja y de su hija al mismo tiempo. Dicen que es una lección de vida y de amor y quizá me atreva a empezar por aquí. Más difícil me resultaría leer Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnet, que afronta el suicidio de un hijo.

Otros libros que afrontan la muerte de un hijo son La hora violeta, de Sergio del Molino; Mortal y rosa, de Francisco Umbral o Noches azules, de Joan Didion. Una forma distinta de abordarlo es la de Alice Sebold, en Desde mi cielo, donde es la hija asesinada la que cuenta el duelo de los padres.

Este fin de semana largo que se acerca rendimos homenaje a los muertos que pueblan nuestra vida. Y lo hacemos leyendo.