Publicado en Libros, Novela

Lluvia fina (Luis Landero)

Tal y como os contamos en una entrada anterior, el sábado pasado descubrimos una librería maravillosa en San Sebastián y nos llevamos un libro cada uno. Yo elegí este del precioso estand de libros de bolsillo, porque nunca había leído a Landero y para mí era una especie de cuenta pendiente. Además, la sinopsis (una fiesta de cumpleaños en la que se va a reunir la familia después de un tiempo sin verse) me intrigó. Bueno, y también porque las primeras líneas (siempre las leo antes de llevarme un libro a casa) prometían una escritura llena de técnica. Y así ha sido. Ante todo es una novela magníficamente escrita; una obra polifónica (a pesar del narrador omnisciente), gracias a los diálogos y a un soberbio dominio del estilo indirecto libre. Salvadas las distancias, una no puede evitar sentir los ecos de Delibes en Cinco horas con Mario en este modo de narrar. Así que, con independencia de la historia en sí, de la que os hablaré ahora, la filóloga que hay en mí ha disfrutado enormemente de la lectura.

Unas pocas horas me ha durado la novela. Entrar en esta familia, en sus relatos, sus deudas pendientes, sus mentiras y medias verdades es un camino sin vuelta a atrás. Ya no puedes dejarlo hasta que terminas. Eso no significa, sin embargo, que haya disfrutado durante todo este tiempo. Más allá de la delicia técnica de la que os hablaba antes, las casi 300 páginas de Landero te proporcionan emociones diversas, no todas agradables.

Al comienzo, la historia no parece prometer demasiado. Lees porque está bien escrito y por alimentar al pequeño cotilla que todos llevamos dentro en el fondo. Por saber más de esa familia que, como todas, parece que alimenta el rencor y el amor a partes iguales. En este primer momento, no esperaba gran cosa del argumento. Una novela ligera, que te cuenta unas cuantas historias. Como pasar un par de horas en compañía de un extraño que decide contarte su vida para desahogarse.

Poco a poco, las historias se van repitiendo. La misma escena la conoces de boca de distintos personajes. Los mismos instantes que vuelven, como si los trajeran las olas del mar desde lo más profundo de la memoria de los protagonistas. Y entonces, releyendo las anécdotas, comienzas a entender que esta novela toca teclas mucho más interesantes de lo que esperabas. Que habla de la importancia de los recuerdos y del modo en que nos contamos a nosotros mismos nuestra vida; del valor de las palabras, del que nos advierte desde las primeras líneas, pero que hasta este momento no había entendido del todo.

Y en estas estaba cuando la historia comienza a ponerse algo más intensa. Y notas en tu propia garganta la tela de araña que los ha envuelto a todos de un modo u otro. Y sientes, con ellos, la necesidad de salir de allí y tienes también la seguridad de que no puedes hacerlo, al menos no de momento.

Un principio sin demasiadas expectativas, un desarrollo casi filosófico y un final angustioso. Y por encima de todo, la técnica de un escritor con mayúsculas. Se lee del tirón y, cuando terminas, tienes que recomponer todas tus piezas. Sin duda, volveré a leer a Landero en el futuro.