Publicado en Libros, Novela

Fresa y chocolate (Senel Paz)

Fresa y chocolate es la novela más corta de la que hemos hablado aquí. Se trata en realidad de un relato de unas 50 páginas, pero tan intenso que dio lugar a un largometraje de 108 minutos. Por cierto, me dicen que el relato originario se llamaba El lobo, el bosque y el hombre nuevo, pero el nuevo título me parece mil veces mejor.

Lo primero que llama la atención cuando comienzas a leerlo es el estilo directo que utiliza el autor. Los diálogos aparecen directamente en el párrafo, a veces sin ningún tipo de marca tipográfica. Casi como si, por encima de la voz del narrador (que es el protagonista de la historia), pudiéramos escuchar de un modo polifónico cómo conversan los personajes.

Y así, de este modo directo, casi cinematográfico, una voz en off nos cuenta una relación entre dos jóvenes que se conocen en una heladería en la isla de Cuba. Parece un encuentro casual, sin importancia, pero desde el principio intuimos lo que va a pasar, pues, como nos dice el propio narrador, <<habiendo chocolate, había pedido fresa>>.

Este pequeño relato nos habla de una relación homosexual intensa y llena de verdad y, al mismo tiempo, nos habla de Cuba y, por tanto, de política, de revolución y de contrarrevolución; de ideales, de contradicciones y del sentido verdadero de la palabra libertad.

Tiene un contexto muy concreto, es cierto, pero como sucede siempre que estamos ante literatura, en realidad habla de temas universales. ¿Es posible querer a alguien completamente diferente a ti? ¿A alguien que encarna los valores que desprecias? ¿Qué hacer entonces? ¿Qué se puede hacer con los sentimientos cuando estos te desbordan y te contradicen?

Al final, se trata de un canto al respeto y a la diversidad. Porque por encima de las ideologías está la libertad a elegir ser como uno quiera, el derecho a decidir cada uno cómo entiende la vida.

3 comentarios sobre “Fresa y chocolate (Senel Paz)

  1. Un relato puede salvar la vida literaria a una persona que no quiere, o no puede, o no le apetece, centrarse en lecturas más extensas.

    Hubo una época muy oscura en mi vida que era lo máximo que podía tolerar

    Me gusta

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