Publicado en Ensayo, Libros

El mundo de ayer (Stefan Zweig)

Cuando el 16 de abril dediqué una entrada de este blog a escribir sobre Stefan Zweig, algunos de vosotros me aconsejasteis, en Twitter, que leyera este ensayo sobre el siglo XX. Me picó la curiosidad, la verdad. Era la oportunidad de leer a mi autor favorito sin el velo intermediario de la ficción. Un Zweig a corazón abierto, hablándome directamente de su vida.

El mundo de ayer es una obra realmente impresionante, que hay que leer. Ahora bien, a pesar de lo que dice el subtítulo (Memorias de un europeo) y a pesar de que realmente cuenta lo que ha vivido, no se trata, en absoluto, de una autobiografía. Y es que Zweig, en realidad, no nos habla de él mismo (a duras penas entrevemos detalles de su biografía, como si estuvo casado o si amó alguna vez a alguien). Probablemente porque, como él mismo afirma en distintos momentos, su intimidad es suya y solo suya y no se sentiría cómodo dándola a conocer al mundo.

No. No es una autobiografía, aunque nos cuente algunos detalles superficiales de su existencia, como dónde vivió o qué se compró. Se trata, más bien, de la crónica de una época. Como los anales de los antiguos romanos, esta obra es testimonio de los sucesos históricos de un pueblo (Europa), a lo largo, ya no de un año, sino de más de medio siglo. ¡Y qué medio siglo! Zweig, judío austriaco, intelectual, humanista y cosmopolita, cuenta en primera persona el fin de un imperio, la terrible gran guerra, el periodo entreguerras y el advenimiento de Hitler, hasta la segunda guerra mundial. Se trata de un testigo incomparable, pues conoció el éxito y la desgracia; viajó y vivió en muy diversos entornos (Austria, Alemania, Francia, Inglaterra principalmente, pero también Rusia, Estados Unidos, India, Argentina o incluso un tímido encuentro con la España en guerra) y se codeó con altos mandatarios y grandes artistas e intelectuales de la época.

Y, más allá de una crónica de la primera mitad del siglo XX, este libro nos regala una reflexión profunda sobre el ser humano y su naturaleza. La necesidad de libertad y de sentido de pertenencia; la existencia del mal y la necesidad de preverlo y pararlo a tiempo; los límites del dolor, la fuerza del espíritu en la derrota. Leer a Zweig en este ensayo es recorrer de su mano el alma del ser humano. Qué necesario eres hoy, querido Stefan. Gracias por pervivir en tus libros.

Publicado en Libros, Novela gráfica

300 ( Frank Miller y Lynn Varley).

Hoy domingo, día lúdico para mí, quería hablaros sobre una obra que se sale de lo habitual a lo que hemos hecho hasta ahora en este blog.

Escribir sobre Frank Miller es hacerlo desde la admiración y la mayor humildad. Quizá a bote pronto a la mayoría de vosotros no os suene, pero estoy convencido que en algún momento habéis disfrutado de alguna de sus creaciones. Su obra más iconica, «Batman, el regreso del caballero oscuro», ha sido copiada hasta la saciedad en otras novelas gráficas y en el cine. El impacto de este autor en la cultura contemporánea es muy importante, tanto por sus obras como por su influencia en otros artistas.

300 es una obra maestra. Pero en una primera mirada no lo parece. No es profusa en diálogos, los dibujos y el arte parecen hechos con desgana y prisa. Pero si observamos atentamente cada detalle de sus páginas, sin darnos cuenta, vamos siendo absorbidos por la fuerza de sus escasas líneas de sus textos, las composiciones poderosas de sus encuadres, el maravilloso juego de sombras y colores rojo y negro. No podemos dejar de admirar la sutileza de su trabajo, que contrasta con el trazo poderoso y rápido de sus personajes.

Cuenta la «historia» de la batalla de las Termopilas, donde un puñado de espartanos se enfrentaron al imperio Persa. Este hecho es real y su importancia en la historia europea fue mayúscula. Pero que nadie espere encontrar realismo o rigor histórico. Miller nos sumerge en la épica, en el valor de unos héroes que sacrifican su vida para salvar a Grecia.

Publicada originalmente en 5 entregas, su lectura es rápida, pero os puedo asegurar que en mis manos pasó horas y horas, en las cuales admiraba los detalles, disfrutaba de sus matices, era feliz.

Estoy convencido de que, al igual que Leonidas y sus trescientos, Frank Miller perdurará en la memoria durante mucho, mucho tiempo.