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Alchemy: Dire Straits live (Dire Straits)


Tuve una época de mi adolescencia, duró poco tiempo, que quise aprender a tocar la guitarra. Y la quería tocar como Mark Knopfler, sin púa. Acariciando las cuerdas con tres dedos y con el público entregado a mis solos. Tal fue la impresión que me causó este álbum grabado en directo.

Ya era fan de la banda. Y por supuesto vibraba cuando en el tocadiscos de casa ponía Sultans of Swing pero escucharlo en este directo hacia que no dejara de saltar y moverme de principio a fin. Creo que nunca lo escuché sentado.

Al contrario de lo que ocurre en las composiciones de hoy en día, todas las canciones que forman el álbum tienen una duración superlativa, superando varias de ellas los 10 minutos. Pero os puedo asegurar que el tiempo vuela al vibrar con sus arreglos. Y qué difícil es alargar una canción sin caer en altibajos en la composición.

La conjuncion que se consiguió entre los solos de guitarra, el saxo y la voz rota han hecho de Alchemy un disco imprescindible en cualquier discoteca digna de su nombre.

Haced la prueba, escuchad la versión estudio de Tunnel of love. Después seleccionar la versión de este concierto . Y no os quedará dudas de porqué Dire Straits alcanzó la cima de su maestría en 1983.

Seguirá abierto el debate sobre si Mark Knopfler es mejor o peor guitarrista que Jimmy Page o Hendrix o Clapton…pero no puedo imaginar a nadie mejor para cada riff de este concierto. Y eso es suficiente para entrar en mi olimpo de los músicos.

Publicado en Libros, Novela

Ordesa (Manuel Vilas)

Llamar <<novela>> a Ordesa es, en cierto modo, desvirtuar esta obra. Sin embargo, no es fácil clasificarla en otro género. Escrita a modo de diario (aunque sin referencia alguna a fechas concretas de escritura), tal vez lo más adecuado para describir este libro de Vilas es decir que se trata de una catarsis. Durante sus más de 350 páginas, la historia prácticamente no se mueve. El lector acompaña al autor en un bucle en el que se desatan recuerdos, sentimientos y emociones, sin que haya otro objetivo aparente al de intentar entenderse a uno mismo.

Creo que en la lectura de este libro se pueden dar dos situaciones muy distintas en virtud de si el lector se identifica o no con el protagonista. Si existe esta identificación, la catarsis de Ordesa puede ser, en cierto modo, la del propio lector. De ahí, quizá, el éxito que tuvo la obra, a la que llegaron a considerar <<el libro del año>>. Por el contrario, si el lector no hace suyos los sentimientos y preocupaciones del narrador, si se produce un extrañamiento por el que lo que leemos solo le ocurre al otro, la experiencia de la lectura es muy distinta. En este caso, leer Ordesa es de algún modo consolar a un buen amigo que está pasando un mal momento. Puedes sentir cierta empatía a ratos, en otras ocasiones un poco de cansancio y, en general, una necesidad imperiosa de que supere el bache y siga con su vida.

¿Es fácil la identificación? Pues en parte sí y en parte no. Es fácil porque lo que le preocupa al protagonista de Ordesa es lo que de algún modo nos preocupa a todos: la muerte, el amor de la familia, la soledad, la culpa, el fracaso, el sentido de la vida. A nadie le son ajenos estos grandes temas. Otro asunto es la perspectiva. Porque Vilas afronta estos asuntos desde el punto de vista de un hombre de mediana edad, de clase media, divorciado, padre de dos hijos y huérfano. Y ese punto de vista impregna toda la obra hasta el punto de que si no compartes ese perfil, la identificación es complicada.

Un último asunto que se debe mencionar es el estilo. Como decía antes, esta obra parece simular la redacción de un diario. Los pensamientos se presentan desordenados, repetitivos, caóticos. No hay un narrador contando una historia, hay un personaje intentando entenderse a través de la escritura.

En definitiva, se trata de un libro que no os dejará indiferentes. Para bien o para mal.